VERDADES PARALELAS

Por HERMANN TERTSCH
ABC  Sábado, 21.10.17

Todos pretenden ver críticas de Bush a Trump, al que no cita, pero nadie ve su elogio a José María Aznar, al que sí cita

Hace tiempo que en EE.UU. hay una verdad publicada y otra verdad que transcurre tímidamente escondida de lo que dicen las televisiones y los grandes gurús de opinión. Por eso el mundo quedó tan sorprendido por la victoria de Donald Trump. Porque todos se habían creído lo que querían creer la CNN y The New York Times. Resultó ser la fantasía progresista que naufragó estrepitosamente hace un año. Hillary Clinton no se ha recuperado cuando le llega el disgusto de que su amigo y donante, Harvey Weinstein ha sido expuesto como el violador y depredador sexual que todo el mundo sabía que era. Y todos ocultaban dados sus suculentas donaciones y su inmenso poder en Hollywood para atacar la supuesta misoginia de Trump. Verdades paralelas.

Ahora todas las encuestas dicen que Donald Trump está en mínima popularidad. Puede ser cierto. Pero cuando hay una elección como las primarias de Alabama hace semanas, gana un candidato, el juez Roy Moore, que es más «trumpista» que el propio Trump. Ya se verá la suerte de los republicanos que creen que su salvación está en atacar al presidente. Los demócratas recurren a Obama para las parciales del 9 de noviembre. Que este ataque a Trump no perjudica a nadie. Puede que Trump no esté a la altura de las expectativas de sus votantes. Pero no es responsable del racismo, división, sectarismo y la fobia a la cultura occidental que generó Obama en sus lamentables dos mandatos. También ha hablado George Bush. Y los medios dicen que con fiereza contra Trump. «La intimidación y los prejuicios en la vida pública generan un tono que abre vía a la crueldad y la intolerancia». Eso suena tanto a ataque a la rudeza de Trump como a la corrección política totalitaria que se va imponiendo en EE.UU. Por cierto, todos pretenden ver ataques a Trump, al que no cita. Pero nadie ha visto el gran elogio en ese discurso a José María Aznar al que sí cita y equipara con Vaclav Havel como campeón de la libertad. Ya ven. La verdad y lo publicado.
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UN GRAN DÍA

Por HERMANN TERTSCH
ABC  Domingo, 22.10.17

España demuestra por primera vez en décadas que se quiere y respeta

UN día para recordar el de ayer. Para todos. Pase lo que pase, pasará a la historia como el día en que España decidió defenderse. Defenderse de las consecuencias de sus propios errores. Por primera vez en cuarenta años un gobierno español no ignora ni contenta a los enemigos. Sino toma medidas concretas para hacerle frente. Es la primera reacción claramente contraria a la deriva que se impuso, por error, por inercia, por pereza, por cobardía, por oportunismo, por codicia, a la política nacional con la Transición. Entre las fuerzas golpistas del separatismo catalán cayó como una bomba la decisión de Mariano Rajoy de comenzar los procedimientos para la aplicación del artículo 155 de la Constitución española. Y miren que venía avisando. Que había advertido que él no quería. Pero que si no le daban algún pretexto, tendría que aplicar la ley donde ha dejado de existir. O incurriría él en gravísimo delito. Pues parece que los líderes separatistas aun ayer se negaban a creer que Rajoy fuera a hacer algo más que esperar. De ahí el estupor genuino. El estupor, lo único genuino en todo aquel espectáculo. Porque todo lo dicho fue una única mentira. Quizás lo único cierto dicho en aquella cascada de disparates histéricos sobre la «destrucción de la democracia» y «el fin de Europa» era eso de que «ni Franco aplicó el 155». Tampoco eran ciertas las cifras, claro. Pese al enfado monumental eran ya menos. Pese a que todas las televisiones presentaban el 155 como poco menos que la invasión nazi de Polonia, la manifestación de Barcelona no se acercó a aquellas grandes concentraciones festivas de cuando todos creían que la independencia era gratis.

El momento es muy serio, por difícil que sea no tomarse a guasa la colosal impostura y tanta majadería como inmoralidad de los dirigentes del separatismo, plañideras ante la «medida inconstitucional» de Rajoy de aplicar un artículo de la Constitución. Cuando los golpistas se esconden bajo faldas constitucionales es que algo no va como quisieran. Estamos en una hora dramática de España. Algunos tenemos la certeza de que habrá de ponerse aun mucho peor antes de que mejore. Habrá que aguantar el pulso en momentos tristes y duros. Antes de que la ley quede restaurada en toda España para alivio, satisfacción y seguridad de la inmensa mayoría de los catalanes y resto de españoles. Pero lo cierto es que ayer fue un gran día. Porque por fin actúa el poder legítimo contra los enemigos de España, cuya impune agresión a la unidad y soberanía siempre fue una ofensa, pero que en los pasados años, meses y semanas se había hecho cada vez más lacerante, humillante, insoportable. Gracias al Rey y a la Nación, a la grandeza de las palabras del primero y a la movilización de la segunda que hace temblar a los partidos, España se defiende a sí misma y por primera vez en mucho tiempo demuestra que se quiere y se respeta.
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ESCRACHES CON AMOR

Por HERMANN TERTSCH
ABC  Viernes, 20.10.17

Los comunistas aprenden de su propia medicina

LA líder comunista y separatista valenciana Mónica Oltra ha sido objeto de un «escrache», es decir uno de esos acosos al adversario político, preferentemente ante su domicilio, que puso de moda la izquierda española en pasados años. A esta extrema izquierda la ha imitado en la noche del miércoles un grupo al parecer de extrema derecha que desplegó una bandera nacional y puso una grabación del himno y una canción de Manolo Escobar ante el domicilio familiar de Oltra, vicepresidenta comunista del gobierno de la Generalidad valenciana. Mal hecho. Es una indignidad utilizar la bandera y el himno nacionales para acosar a una mujer en su casa con su familia. Es un acto violento acudir al hogar de alguien a demostrarle que se sabe dónde vive y así amenazarla. Es condenable que grupos ultraderechas comiencen a adoptar prácticas habituales de la extrema izquierda. Lo es porque esas prácticas son en sí repugnantes. En Cataluña vemos cómo el separatismo ha resucitado todas las perversiones de intimidación y terror contra el discrepante, desde la amenaza en el buzón a la humillación a los niños en el colegios. Y el escrache permanente.
Los ultraderechistas deberían tener claro, si les anima a estas agresiones la impunidad de que goza la extrema izquierda, que para ellos rigen otras reglas. Si fueran las mismas, la concejal madrileña Rita Maestre estaría cumpliendo una pena de cuatro años de prisión en una cárcel de mujeres. O los presos por el escrache en la librería Blanquerna estarían en la calle. Pues ni lo uno ni lo otro. Porque según sentencias reiteradas, los escraches, muchas veces acosos con amenazas, siempre de la izquierda comunista, están amparados por la libertad de expresión. Salvo que quepa sospecha de ultraderechismo. Entonces surge por arte de birlibirloque ese delito de odio y el escracheador va al talego. Ser señalado por LaSexta como juez facha debe ser peor que tener una novia narco. Y además los escraches de izquierdas no son delitos de odio porque los mueve el amor.

Esos acosos comenzaron cuando la izquierda decidió con Zapatero que se había acabado la tregua de la Transición y había que reanudar la guerra contra el «fascismo». Que somos los demás. Su principal impulsor después fue Podemos. Hay muchos vídeos de Pablo Iglesias con loas al escrache como bálsamo del pueblo contra sus enemigos. Y escracheando a Rosa Díez o llamando al acoso a otros. El enaltecimiento de la intimidación, del miedo, del terror, es eje de la acción de esa guerra con otros medios que es la política para los comunistas podemitas. Porque estos escraches son la versión blanda, provisional, de aquellas visitas de los abuelos milicianos durante la guerra para recoger a domicilio a marqueses o fontaneros, bibliotecarios o notarios. Muy mal por tanto se han portado esos ultraderechistas que han hecho a Mónica Oltra lo que Mónica Oltra no lamentó ni condenó jamás cuando se les hizo a sus adversarios políticos en la misma ciudad en la que vive. Cuando hace la ultraderecha lo que es habitual en la utraizquierda se crea una situación peculiar. Ayer por la mañana, los comentaristas izquierdistas en radio y televisión condenaban por primera vez un escrache. Es cierto que la izquierda solo aprende cuando prueba su propia medicina. Con esa piel tan fina que tiene. Graciosa ha sido la reacción de uno de los Jordis golpistas en Soto del Real. Ha pedido le cambien de módulo porque un preso le grito desde lejos «Viva España». Terrible escrache ese para el que dio el mitin sobre el techo de un jeep de la Guardia Civil demolido mientras unos guardias tenían que temer por sus vidas asediados por las hordas fanáticas de la hispanofobia.

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EL CENTRODERECHA LIDERA LOS SONDEOS CON UNA LÍNEA DURA CONTRA LA INMIGRACIÓN

Por HERMANN TERTSCH
Enviado Especial a Viena
ABC  Domingo, 15.10.17

La extrema derecha aspira a entrar en el gobierno y los socialistas caen al tercer puesto

Unos 6,3 millones de austriacos están convocados hoy a las urnas en unas elecciones en las que, por primera vez en la historia de Austria desde 1945, la pugna se dirime entre dos candidatos de la derecha. Por primera vez el legendario partido socialista (SPÖ) no parece poder aspirar a la victoria. Según los sondeos quedaría en un tercer puesto en lo que los observadores consideran el final de la larga e incuestionada hegemonía ideológica y cultural de la socialdemocracia desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Se perfila un gobierno de alianza entre los dos partidos de derechas en litigio, el popular (ÖVP) y el nacional–liberal o derechista (FPÖ), que supondría un alejamiento aún mayor de la Alemania de Angela Merkel y un acercamiento a los países centroeuropeos del grupo de Visegrado. Estos países, Hungría, Polonia, Eslovaquia y Chequia, son gobernados por partidos críticos con la Unión Europea, especialmente en cuestiones como la inmigración. La inmigración y todo lo derivado de la misma como son los servicios sociales, la seguridad y en la educación, han sido protagonistas en la campaña.
                                                                                      EFE
Un cartel del líder del Partido Popular, Sebastian Kurz, ayer en Viena, ante el cual pasa una mujer de origen musulmán

Parte como favorito el ministro de Exteriores, Sebastian Kurz, de tan solo 31 años, que en una espectacular carrera se ha erigido en la gran esperanza de un Partido Popular que hace un año estaba tercero y postrado en las encuestas después de tres legislaturas de gran coalición con los socialistas. El ÖVP se ha recuperado de la mano de Kurz hasta ese primero lugar con el 33% a cambio de convertirse en poco más que una agencia electoral del candidato. El FPÖ quedaría entre 27 y 25% y el SPD entre 25 y 22%. Kurz ha neutralizado de un solo golpe a todos los barones del partido y asumido una dirección ideológica y política incontestada. Con la clara referencia de la campaña de Emmanuel Macron en Francia se postula en una candidatura extremadamente personalista, de reformas valientes, de nuevo aire y estilo y tono populista.

Programas calcados
Al mismo tiempo, Kurz ha «secuestrado» gran parte del mensaje político y electoral del partido derechista FPÖ que lideraba prácticamente todas las encuestas durante los últimos tres años. El líder de este partido, Hans Christian Strache, no ha podido competir con el joven ministro a la hora de defender la línea más dura en política de inmigración, seguridad, reformas en los servicios sociales y en la educación. Como ha bromeado Strache durante la campaña, Kurz le ha pirateado o plagiado los materiales de campaña. Se ha registrado en Austria un giro general a la derecha que también afecta al propio partido socialista SPÖ aunque este no vaya a beneficiarse de ello. Strache se ha esforzado desde el pasado año, en que su candidato Norbert Hofer perdió la elección presidencial ante el izquierdista Alexander van der Bellen, en marcar distancias de cualquier posición susceptible de ser tachada de ultraderechista, antisemita o neonazi dentro o fuera de Austria. Dicen algunos que se ha esforzado tanto que ha perdido perfil y no evitará que la izquierda europea vuelva a tachar a su partido de ultra. Pero nadie espera que puedan tener ningún efecto estos ataques sobre la formación de un gobierno con el FPÖ. Y se excluyen sanciones de la UE como las habidas en 2000 con el canciller Wolfgang Schüssel.
El candidato del SPÖ es el canciller saliente Christian Kern, un tecnócrata que sustituyó hace más de un año a Werner Faymann, que gobernó la gran coalición durante ocho años. En esos años la alianza de los dos grandes partidos, aunque inicialmente muy aplaudida, generó un atasco en sus reformas, un anquilosamiento y una falta de reflejos que fortaleció al derechista FPÖ y tuvo enormes efectos durante la crisis de los refugiados en el otoño del 2015. Faymann cayó también por su cercanía a Merkel en una política de puertas abiertas muy criticada. El encargado de revertir esta adhesión a la línea alemana y unirse a la política de firmeza del líder húngaro Viktor Orban, fue precisamente Kurz, hoy el favorito de ocupar la cancillería en el Ballhausplatz.

Kern ha intentado adaptar a su partido a este giro general a la derecha en Austria y presentarlo como un partido reformista y realista. Pero encima de su debilidad general, la campaña electoral ha supuesto un inmenso desastre para los socialistas al revelarse una sucia operación suya para desacreditar a Kurz con falsedades en las redes. El SPÖ pagó más de medio millón de euros a un «experto comunicador», el consultor israelí Tal Silberstein que acto seguido lanzó una campaña de difamación contra el candidato del ÖVP. El escándalo fue mayúsculo, en el SPÖ han rodado cabezas y el candidato agredido se ha beneficiado como víctima del atropello. Kern y su SPÖ pueden sufrir un castigo añadido por ello. Él pasará así con seguridad a tener el poco envidiable título de canciller más breve de la II República. Por mucho que insista en no haber sabido nada en ningún momento de las tropelías de Silberstein.



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LOS CONSERVADORES GANAN Y ABREN LA PUERTA A UNA ALIANZA CON LA ULTRADERECHA

Por HERMANN TERTSCH
Enviado Especial a Viena
ABC  Lunes, 16.10.17

Sebastian Kurz, de 31 años, líder del Partido Popular, se convierte en el jefe de Gobierno más joven de Europa tras conseguir el 31,6% de los votos

Extraña pareja El partido socialdemócrata también deja abierta una posible coalición con la extrema derecha, peros sus bases quieren mayoritariamente pasar a la oposición

Empate técnico Al cierre de esta edición, el SPÖ, socialista, y la extrema derecha, FPÖ, oscilaban entre el 26,9 y el 26,0% de los sufragios, con ligera ventaja socialista

El Partido Popular Austriaco (ÖVP) ganó ayer las elecciones con su brillante y joven candidato, el hasta ahora ministro de Asuntos Exteriores, Sebastian Kurz. Con el 31,6 por ciento de los votos, según resultados provisionales, ha sacado cinco puntos a los otros dos grandes partidos, el Partido Socialdemócrata SPÖ y el derechista FPÖ, que estaban prácticamente empatados con un 26,5 por ciento y una leve ventaja para el primero. La participación fue del 70 por ciento, cuatro puntos más que en las elecciones de 2013. Con 800.000 votos por correo aún sin contabilizar pueden darse considerables modificaciones especialmente en el puesto segundo y tercero. También en los dos pequeños partidos que han logrado superar el 4% para entrar en el Parlamento que son NEOS y la Lista Pilz. Esta es una escisión de los Verdes que estos han pagado amargamente al perder casi 9 puntos y no lograr entrar en el parlamento (Nationalrat).
Sebastian Kurz, que a sus 31 años logró neutralizar a todos los poderosos barones del ÖVP y convirtió el partido en una especie de agencia de apoyo a la lista personal que se ha presentado a las elecciones como «Lista Kurz el Nuevo ÖVP». Como tal ha cosechado un resultado que nadie en su partido podía soñar hace tan solo unos meses. «Un resultado histórico», dijo ayer Kurz, que agradeció la confianza y no quiso adelantar planes. «Primero esperar a los datos definitivos. Se hablará con todo el mundo».
En un día radiante de un otoño poco común, los austriacos se movilizaron para unas elecciones con alicientes especiales y muy especialmente la irrupción del joven Sebastian Kurz como favorito. En todos los estados federados aumentó la participación y en todos se notó el inmenso tirón del vencedor, aunque en algunos no lograra vencer a la tradición y así, en Burgenland, ganaban como siempre los socialistas, y en Carintia los derechistas del FPÖ. Kurz tiene ahora manos libres y mucho margen. Y no debe temer condicionamientos de su propio partido. Cuando asumió las riendas del ÖVP hace menos de un año, este quedaba en las encuestas siempre tercero, tras la extrema derecha de FPÖ, que lideraba ampliamente, y los socialdemócratas.
La gran coalición entre ÖVP y SPÖ que estaba ya en su tercera legislatura cuando fue interrumpida para convocar estas elecciones había generado una creciente insatisfacción y parálisis en Austria. Y solo había beneficiado al derechista FPÖ que, sin embargo, difícilmente podía encabezar una alternativa acosado y acusado por la izquierda austriaca y europea de ultraderechismo. El líder del FPÖ, que se ha quejado irónicamente en campaña –no sin razón– de que el candidato Kurz le plagiaba los lemas y mensajes sobre inmigración y seguridad, ha dejado claro que está muy dispuesto a dejarse cortejar y a entrar por fin en el gobierno. Todos esperan que esto suceda sin polémicas y por supuesto sin amenazas de sanciones de la UE como las habidas cuando su partido entró en el Gobierno de Wolfgang Schüssel en el año 2000. El líder de los socialistas por su parte, el canciller saliente Christian Kern, ya ha dicho que su partido será una firme oposición al populismo de derechas y que hará frente al fuerte corrimiento hacia la derecha que se ha producido en el voto austriaco.
Las elecciones ya han tenido la virtud de dinamitar el anquilosamiento de las estructuras políticas. Con este resultado, Sebastian Kurz recibirá el encargo del presidente de la República, Alexander van der Bellen, y podrá negociar tanto con los derechistas del FPÖ como con los socialistas de la SPÖ. Ayer en la sede del Partido Popular quedó clara la preferencia de su militancia de hacer una alianza de derechas. Al escucharse el resultado del partido nacional-liberal FPÖ en ese momento por encima de los socialistas, los populares prorrumpieron en vítores y aplausos. Con este resultado con el que ÖVP y FPÖ sumarían el 57 o 58% tendrían una muy sólida mayoría para gobernar. Aunque lejos de los dos tercios que algunos soñaban para poder desmantelar la labor legislativa general de seis décadas de hegemonía de izquierdas en la República.

Difícil pero no imposible
Pero además se abren otras alternativas. El propio partido socialista SPÖ que hace poco más de un año lanzó una brutal campaña política de descrédito contra el FPÖ y su candidato a la presidencia, Norbert Hofer, ya ha dejado abierta la puerta para la posibilidad de un gobierno con el FPÖ en caso de que Kurz no fuera capaz de formarlo. Eso solo sería posible si el SPÖ queda, como parecía ayer, por delante del FPÖ. No obstante la mayoría de las bases socialistas, aliviadas porque el castigo no ha sido tan grave como algunos pensaban, no quieren oír hablar de alianzas con el derechismo pero tampoco con los conservadores y demandan un inmediato paso a la oposición para renovarse. Peter Kaiser, el presidente del SPÖ en Carintia, hablaba ayer de «la hora más amarga de la socialdemocracia». El partido socialista austriaco, uno de los más importantes de Europa desde la Primera República, tras la Primera Guerra Mundial, ha sido el partido que más tiempo ha gobernado en la Segunda República, desde 1945. El que ha tenido mayorías absolutas y ha marcado el cariz ideológico y la estructura institucional y legal como ningún otro.
Muchos observadores consideran que el fuerte desplazamiento a la derecha del voto en Austria es un fenómeno que deja adivinar otros procesos parecidos y podría suponer en más países europeos ese principio del fin de la hegemonía política y cultural de la socialdemocracia. El ÖVP, el Partido Popular siempre muy marcado por cuestiones sociales y cristianas, ha asumido gran parte de los postulados de la ultraderecha del FPÖ en asuntos como inmigración, en asuntos de seguridad interior, orden público y también economía y servicios sociales. Alejándose así de unos postulados socialdemócratas que ha compartido durante décadas con el SPÖ.
Habrá que ver, si se produce el gobierno de la alianza de derechas, en qué medida está dispuesto Sebastian Kurz a una aplicación consecuente de los postulados que ha defendido en campaña, calcados del FPÖ.

Falsos prejuicios en torno al FPÖ
La prensa austriaca y europea trata al partido derechista FPÖ como un apestado. La supremacía izquierdista en los medios está nerviosa porque ve que en la política esa hegemonía se desvanece. Así ayer en Austria. El FPÖ es un partido democrático que acata y defiende la Constitución, sus miembros la juran cuando asumen cargos y la cumplen. No como otros partidos en otros países. La UE, Merkel y hasta la prensa han de asumirlo. El FPÖ gobernará previsiblemente en Viena. Ya no vale tachar de fachas o nazis a todo partido de derecha democrática que no siente necesidad de disfrazarse de centrista y que se niega al discurso plano de la corrección política. El consenso socialdemócrata, con todo su poder y su propaganda no logrará erradicarlos ni con difamaciones ni censura. Porque la población europea los requiere, demanda y vota. La letanía izquierdista que difama a la derecha aburre. Ya no funciona.
Un estratega de 31 años que supo utilizar el «efecto Macron»

Sebastian Kurz está a punto de convertirse en el jefe de gobierno más joven de Europa tras su victoria de ayer. Este joven de 31 años, vienés de familia trabajadora, que entró en el partido a los 16 y abandonó la carrera de Derecho cuando fue nombrado secretario de Estado en Interior a los 23, es un extraordinario talento político que se mueve con auténtico virtuosismo en los diferentes planos de la política de partido e institucional.

                                                                           AFP

Vive con su novia, sin hijos de momento y no es nada blandito, pese a ese aspecto aniñado que lleva a algunos a infravalorarlo en lo que es un serio error. A los 27 era ministro de Exteriores y hasta sus enemigos reconocen que no ha cometido ni un error ni en situaciones extremas. Recondujo la política de refugiados de un anterior canciller, Werner Fayman, que estaba postrado ante Angela Merkel, para unirse al húngaro Viktor Orban y cerrar la ruta balcánica.
La coordinación de los países balcánicos para este cierre de fronteras que hizo Kurz, dejando al margen a Alemania y a Grecia, fue considerada por muchos como una jugada maestra de la diplomacia. Brillante ha sido su forma de obligar a su partido a ser agencia electoral para su persona. Y su forma de sacarse de su propia chistera inexistente toda una campaña inspirada en la operación de Emmanuel Macron. Campaña que con mucho personalismo y grandes dosis de populismo ha sabido llevar a cabo con un equipo improvisado en pocos meses. Mientras neutralizaba todas las quejas de unos barones acostumbrados a mandar más que el jefe del partido en el ÖVP y de repente desposeídos de voz y voto en la carrera electoral y en la presentación de contenidos.
Brillante y populista ha sido también el discurso de firmeza de Kurz en las cuestiones de inmigración y seguridad, mensaje que arrebató sin ningún pudor a Hans Christian Strache, su casi seguro socio en el gobierno de derechas que se perfila. Al que casi parecía hacer gracia semejante desparpajo.

Puede que llegado al cargo supremo fracase. De momento ha triunfado en todo lo que se ha propuesto.
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LA CATARSIS

Por HERMANN TERTSCH
ABC  Domingo, 15.10.17

Urge enmendar el terrible error de Rajoy de no intervenir la autonomía

MANUEL Delgado Ruiz, doctor antropólogo y profesor del Instituto Catalán de Antropología, está preocupado como separatista que es ante la posibilidad de que finalmente el gobierno español, que durante años ha mirado hacia otro lado mientras la Generalidad preparaba hasta en sus detalles el golpe de Estado, tome alguna decisión para poner fin a la mayor agresión que sufre España desde la guerra. Ha dicho este Manuel Delgado Ruiz, que no es un sucio niñato de las CUP sino un miserable de edad avanzada, que «la única opción que tiene el estado español es gasear a la mitad de los catalanes». Sí, tienen razón quienes piensan que un disparate así no debiera utilizarse siquiera como pretexto para una columna. Y sin embargo, permítanme que utilice a este tiparraco para argumentar por qué el grado de victimismo a que ha llevado el paranoico relato nacionalista hace inevitable y urgente que se asuman los sacrificios inevitables para acabar con la pesadilla separatista. Hay que rescatar a los catalanes sanos que son la mayoría y poner bajo custodia a los que como Manuel Delgado Ruiz son un peligro inmediato para los demás y para sí mismos.
El gobierno debió acabar con esta deriva hace mucho. Antes de que Manuel Delgado Ruiz, un satisfecho miembro de una de las comunidades humanas más privilegiadas del mundo, sí, del mundo, que es Cataluña, creyera estar prisionero en un transporte hacia un campo de concentración para ser llevado a una cámara de gas. No hablemos de la inmensa ofensa para las víctimas del Holocausto. Ni del grado de necedad y vileza que revela la frase. Tampoco se asuma que todos los enfermos de ese victimismo hayan llegado a la cota de depravación moral de Manuel Delgado Ruiz. Y quede claro que el gobierno español tiene culpa de que este hombre y otros hayan caído tan bajo.

Dicho eso, ahora urge la enmienda. La catarsis que será dolorosa. España está ante su prueba más dura desde su Guerra Civil. Pero menos que si se posterga una vez más por falta de coraje u otros cálculos interesados que puedan estar haciendo quienes en ese gobierno con tan poco éxito se han dedicado hasta ahora a «solucionar» la cuestión catalana. Cierto que deberían haber dimitido por su espantoso fracaso, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría la primera. Pero a estas alturas no se espera de este gobierno ejemplaridad de ningún tipo. Sino esa corrección de sus errores que tanto daño han hecho al no intervenir antes la autonomía catalana. Que cumpla de una vez por todas con su obligación de defender la unidad de España y proteger a la mayoría de los catalanes del peligro de gentes como Manuel Delgado Ruiz, Anna Gabriel, Oriol Junqueras y Carlos Puigdemont. Estos enemigos de España están enajenados. El Estado ha de imponer el orden antes de que ellos nos impongan su pesadilla y el caos.
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EXPLICAR FUERA LA BATALLA

Por HERMANN TERTSCH
ABC  Viernes, 13.10.17

Fracaso del gobierno en explicar la crisis catalana al exterior

MUCHOS españoles han quedado estupefactos ante la forma de informar de la prensa extranjera sobre la crisis en Cataluña. Unos se han sentido injustamente tratados porque han visto mucha mala fe, que la ha habido. Y otros han quedado impresionados por la ignorancia demostrada. Partamos del hecho de que la información internacional de los medios occidentales es hoy mucho peor que hace 30 años. Entonces los principales medios de prensa, radio y televisión tenían unas redes muy completas de corresponsales en las principales capitales. Los corresponsales de los grandes y no tan grandes medios de comunicación eran profesionales con experiencia, bien pagados, con oficinas, secretarias, casas en las que recibir y presupuesto. De los que se esperaba información y criterio con conocimiento profundo del país. Hoy, varias crisis después y con el deterioro general de hábitos de lectura y la galopante frivolización de los contenidos e infantilización general de la audiencia, aquellos corresponsales son historia remota. Los medios se nutren de colaboradores ocasionales o asiduos, pocos con contratos permanentes, jóvenes que trabajan en precariedad sin infraestructura ni presupuesto. La mayoría son menos periodistas que activistas desde la superioridad moral izquierdista.
Los periodistas que venían a falsificar la información para la prensa europea durante la Guerra Civil, casi siempre en apoyo del Frente Popular –con mentiras imperecederas como la foto del miliciano de Capa– eran intelectuales. Hoy casi todos son personajes desasistidos, cargados de tópicos infantiles y maniqueísmos. Salidos de facultades de ciencias sociales que son laboratorios de falsificación de la historia, seminarios de los nuevos clérigos de la religión socialdemócrata y sus sectas.
A estos activistas del ideal y a los enviados especiales que son «paracaidistas» que no suelen saber nada del país al que van, hay que darles todo masticado. Necesitan la información básica. Adobada de sabores que despierten su simpatía. Si no, se la dan otros. Eso lo que entendió siempre la Generalidad de Cataluña que se gasta lo que falta en los hospitales y otros servicios públicos en un ejército de propagandistas preparados, bien pagados y políglotas con mil agencias y boletines digitales, que siembra el mundo de narrativa victimista del separatismo. Todas las redacciones importantes del mundo reciben desde hace años información de la versión separatista con todas sus mentiras históricas, con las más grotescas fabulaciones. Pero perfectamente presentadas.

La Generalidad vende como una gran empresa moderna el producto de «la torturada vida de su alma sensible bajo la cruel bota española». Mientras en Madrid hay un gobierno paleto que desprecia a la prensa exterior. Con un presidente que no habla ningún idioma, que tiene una secretaria de Estado de Comunicación que ni habla idiomas ni pierde un minuto con extranjeros, a un ministro de exteriores tan persuasivo él que, con sus balbuceos en televisiones extranjeras, nos puede convertir en separatistas a mí y a un general de la legión. Toda la labor mediática de este gobierno se ha centrado en sus mezquinos cálculos tertulianos de agendas políticas y personales internas. Los esfuerzos de personalidades que intentan compensar por el mundo esta insolvencia gubernamental no bastan. El futuro inmediato será duro y habrá noticias desagradables sin duda. Pero la Razón y el Derecho –que son de España– han de ser defendidos en el exterior. Para que la perversión de la verdad por la prensa extranjera no puedan convencer de absurdos a sus opiniones públicas y estas a su vez no fuercen a sus gobiernos a disparatar y favorecer a los enemigos en España. En perjuicio de toda Europa. La Nación Española pondrá tarde o temprano fin a la peor agresión que sufre desde la guerra civil. Hay que explicar fuera bien cómo y por qué.
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