EL DELIRIO SIN ÉXTASIS

Por HERMANN TERTSCH
ABC  Viernes, 13.04.18

Albiac forja una gran composición periodístico filosófica en« Mayo del 68»

HA pasado medio siglo de unas fechas míticas en un año mágico. Fue 1968. Sucedieron muchas cosas aquel año que desde entonces el mundo occidental ha considerado trascendentes. Y por tanto lo fueron. Con la llegada de Alexandr Dubcek a la jefatura del Partido Comunista de Checoslovaquia comenzó el último intento de reformar el sistema comunista hacia el humanismo, la democracia y despojarlo de crueldad y pulsión asesina. Aquello se llamó «Primavera de Praga» y fracasó con estrépito y horror en agosto bajo los tanques soviéticos. También hubo grandes convulsiones en los países que tuvieron la fortuna de ser liberados por ejércitos anglosajones y no pasaron a una tiranía comunista desde la nazi. El epicentro fue París. Su apoteosis en mayo. «París, mayo del 68» es un hito del siglo XX. Aunque revolución fracasada, tiene reputación amable entre unas generaciones posteriores que cada vez saben menos de ella. Los jóvenes que oyen hablar de «Mayo del 68» piensan en antiautoritarismo, hippies, pelo largo y hachís. Mucho en Woodstock, poco en Mao.
En 1968, en España la gente estaba a otra cosa. Tres lustros después, cuando los españoles decidieron que todos ellos habían sido antifranquistas –gobernaba ya el PSOE y Franco llevaba siete años muerto–, en los partidos de izquierdas hacían carrera exiliados de verdad y de mentira. Y había una subespecie pelmaza que se pretendía veterana de batallas parisinas. Debe temerse que publiquen.
Por eso yo ya me he leído el único libro sobre 1968 que probablemente lea en el año. Es muy improbable que se publique nada mejor. Y es imposible nada más auténtico. Es «Mayo del 68, fin de fiesta», de Gabriel Albiac. Escrito sobre la base de su «Mayo del 68, una educación sentimental» de hace 25 años, le ha salido un compendio periodístico-filosófico en un extraño, denso, bello y robusto maridaje. Nadie podía guiarnos con tanta seguridad y conocimiento por escenarios en las calles y en las cabecitas efervescentes de los protagonistas, de los grupos y de los individuos. Desde los líos de Nanterre hasta la gran decepción, que Albiac guarda en la memoria como tal, de un Estado que recupera el control después de que un inmenso error de cálculo estuviera a punto de costarles mucho más que ese colosal susto. Porque pudo haber pasado lo que pocos querían, que las instituciones de la democracia francesa fueran arrolladas por una fuerza de muchos y de nadie para nada. «El asalto a los cielos exige mártires. Con los veinte millones de asesinados por el estalinismo, con el descerebrado despotismo del otro lado del muro, había que ser muy tonto o muy canalla para seguir jugando». La revolución exige más hambre y más odio. ¿Y triunfar para qué? Puede que tenga razón Albiac y el 68 fuera el fin de todo. El último intento de felicidad total colectiva, la última tentación de la apoteosis de romper hacia el cielo todo obstáculo. La revolución como promesa de un «espacio sagrado» para el goce exento de traba. Una pueril fantasía. La gran intoxicación colectiva de una pócima de Lenin y Freud cocinada por sus druidas Sartre, Marcuse y demás. Llevó al delirio extremo y sin embargo no acabó ni en extasis ni en tragedia. Como sí harían las drogas que a partir de entonces individualizaron la búsqueda del paraíso para generaciones. ¿Se acabó todo? Yo no lo creo. Como en las películas en que el monstruo se transforma en baba o humo, pienso que el delirio mutó en destilada ideología neomarxista que nos vende como sistema democrático lo que es socialdemocracia enemiga de la libertad que avanza hacia la liquidación del individuo sin una mala palabra pero con la fiereza de la revolución cultural china.

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UN INFIERNO POSIBLE

Por HERMANN TERTSCH
ABC  Sábado, 14.04.18

En 2013, el presidente Barack Obama, no se atrevió a cumplir con su deber de aplicar la ley y castigar la violación de los límites

La guerra de Siria comenzó en el año 2011 con un levantamiento de pequeñas comunidades contra un régimen despótico y cruel de Bashar al Assad. Siete años y casi medio millón de muertos después, Siria es el epicentro de un conflicto internacional con el claro potencial de llevar al mundo a una guerra entre potencias nucleares. Estamos más cerca de las puertas del infierno de lo que la mayoría imagina. ¿Por qué? Por la incapacidad de los países occidentales de comprender el carácter de sus enemigos. Por una deriva política, intelectual y moral que deja a Occidente básicamente sin criterios para responder a las agresiones y amenazas a sus intereses. Porque hay muy preocupantes indicios de que la democracia misma impide tomar las medidas necesarias para fortalecerse y defenderse.
En plena escalada de la guerra en el año 2013, el régimen de Bashar al Assad lanzó gas sarín sobre la población de Guta y aunque se había advertido claramente que estas armas no serían toleradas, el entonces presidente de Estados Unidos, Barack Obama, el gran símbolo del triunfo del relativismo «europeo» en la primera potencia mundial, no se atrevió a cumplir con su deber de aplicar la ley y castigar la violación de los límites. La impunidad hace colapsar los diques morales. Como las leyes, violadas sin consecuencias, dejan de existir. Estas verdades, que la humanidad conoce y respeta desde la antigüedad grecolatina, se ignoran desde hace décadas en sociedades occidentales con resultados catastróficos. Finalmente estas verdades han sido ignoradas en el terreno bélico de Siria. La guerra que en Siria se libra con gases y con bombas de barriles explosivos. Pero la guerra ya es mundial. Se combate en los medios de propaganda en redes y opiniones públicas donde existen. La desinformación se adueñó del campo de batalla. Hay que poner pie en pared y restablecer unos códigos de comportamiento y entendimiento. O el infierno puede salir de Siria hacia muchas partes en mundo.

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UNA ENEMIGA DE ESPAÑA

Por HERMANN TERTSCH
ABC  Martes, 10.04.18

La ministra alemana tiene interiorizado el argumentario del golpismo español

EL Gobierno alemán hizo ayer su primer intento de aplacar la indignación que han generado en España las declaraciones de su ministra de Justicia, Katerina Barley, sobre la rocambolesca sentencia del tribunal de la Audiencia Territorial de Schleswig-Holstein que denegaba la entrega a España de Puigdemont por rebelión. El portavoz de Merkel, Steffen Seibert, dijo que la posición de su Gobierno es la de siempre. Que considera el conflicto de Cataluña «un asunto interno que debe ser resuelto por los actores políticos españoles, al amparo de la Constitución española y de acuerdo a la legislación vigente en ese país». Perfecto. Es lo que pensamos nosotros. Nadie le está echando la culpa al Gobierno alemán de una decisión de un tribunal que se ha excedido groseramente de sus atribuciones porque su única obligación es garantizar que Alemania y España, miembros de la misma comunidad de Derecho, se apoyan mutuamente en la persecución de los delitos dentro de la Unión Europea. El auto del tribunal de Schleswig Holstein es por ello una pura impertinencia en todos los sentidos. Porque no viene al caso. Y porque es una ofensa. Los jueces habrán de resolverlo.
El problema del Gobierno alemán es otro. Está en que, por mucho que su portavoz diga que la ministra Barley ha hablado ya con su colega Rafael Catalá para «solventar el malentendido», resulta que no hay malentendido. Porque se ha entendido todo. Su ministra no niega haber dicho lo que ha dicho y que sabemos porque el periodista del diario
Süddeutsche Zeitung no respetó la confidencialidad que, según dice ahora la ministra, habían acordado. Pero ella no niega haberlo dicho ni niega pensarlo. Nada de malentendido. Y lo que piensa y dijo es que España tiene que negociar con los golpistas y ella es partidaria de poner todas las dificultades al Gobierno de España y todas las facilidades a los separatistas para forzar esa negociación. Entre el defensor de la ley y el criminal, se entiende. Presumía de haber estado al tanto del proceso de toma de la decisión judicial y dejaba ver que es partidaria de entorpecer hasta la causa de entrega de Puigdemont por malversación. Además de no considerar a España un país plenamente libre.
Retórica izquierdista barata de la ministra, otra radical en un SPD escorado hacia la izquierda porque Angela Merkel, con sus democristianos hechos socialdemócratas, no le deja otro espacio. Además está el declive de la calidad. También allí es dramático. Ministros de Justicia del SPD fueron Gustav Heinemann o Hans Jochen Vogel. En ese cargo que ocupa ahora esa patética bibianaaido renana con máster en leyes. Pero a Merkel lo único que le importaba era salvar la cabeza y no estaba para ponerse exquisita en la elección de ministros.
La ministra no se ha disculpado ni parece tener intención de hacerlo ante los españoles. Y el Gobierno de Merkel piensa que el asunto está saldado. Se equivoca. La gravísima ofensa de su ministra a España sigue en pie. Porque todos los españoles sabemos hoy que en el gabinete de Merkel hay una ministra federal de Justicia que simpatiza abiertamente y actúa en la sombra a favor de una banda golpista que quiere destruir España. En su Consejo de Ministros hay al menos un miembro con el discurso del separatismo y la ultraizquierda española de que la democracia española solo se redimirá del franquismo aceptando la destrucción del Estado y de la Nación Española que dichas fuerzas exigen. Así las cosas y si la ministra Barley sigue y no se disculpa, los españoles tenemos muchas razones para considerar rota la confianza en quien siempre ha sido un aliado y amigo. Porque Katerina Barley ha demostrado ser una enemiga de España.

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ORBAN TOMARÁ MEDIDAS CONTRA LAS ONG QUE APOYEN LA INMIGRACIÓN

Por HERMANN TERTSCH
Enviado Especial a Budapest
ABC  Martes, 10.04.18


La victoria del «premier» húngaro es un golpe al consenso socialdemócrata en la UE

Liderazgo
Orban jugará un papel en Europa mayor del que corresponde a un país tan pequeño como Hungría

Gobernantes y medios en Europa y EE.UU. han recibido con consternación la noticia de la apabullante victoria electoral de Viktor Orban en las elecciones generales húngaras del domingo. Se habla de la victoria del «hombre más peligroso de Europa» y de un peligroso racista y dictador. La mayoría desprecia la voluntad de los húngaros expresada en las urnas como fruto del engaño y la propaganda del odio. Homófobo, ultraderechista, amenaza letal para la democracia en Europa y hasta comparaciones con Hitler, nada es excesivo para atacar a Orban. La prensa hegemónica de la socialdemocracia en Europa reaccionaba así tras quedar traumatizada por la victoria de Orban. Y los ecos políticos y sus consecuencias para todo el continente.

Orban, con sus seguidores tras conocerse los resultados en Budapest
REUTERS

Con la altísima participación, que creían el arma secreta para derribar a Orban, habían comenzado a especular ya sobre la situación que se creaba con la pérdida de la mayoría absoluta por Orban. Había optimismo a media tarde en medios de la oposición. A las once de la noche se les hundió el mundo a ellos y a la mayor parte de la prensa extranjera tan feroz opositora a Orban como sus peores enemigos. Al final, la alta participación disparó el voto a Fidesz hasta esos 133 escaños de los 199 del parlamento que le dan práctica mano libre para gobernar y para legislar.
Hubo consternación pero después también realismo. Fueron muchos, y no solo los notorios dirigentes de la ultraderecha de Europa, también los grandes gobernantes de la UE, muchos muy enfrentados al triunfador, los que felicitaron muy pronto al primer ministro. Todos estaban pendientes de las elecciones y todos coinciden en que es un inmenso golpe para los defensores de la ortodoxia política del consenso socialdemócrata en la UE. Y es un revulsivo para todas las fuerzas de una derecha contraria a los grandes dogmas de la izquierda liberal que dominan actualmente el discurso político y cultural en Europa. Desde la ideología de género, el multiculturalismo, la inmigración como solución demográfica, la cultura LGTB, son muchos los campos en los que la resistencia ha comenzado a articularse en las sociedades europeas. Para esos focos, descalificados como ultraderechistas o no, Orban es ya el principal referente y lo será mucho más a partir del pasado domingo.
En lo que coinciden sus enemigos, cada vez más furiosos, como sus seguidores, cada vez más numerosos, es en que el primer ministro húngaro va a jugar un papel en el continente que trasciende en mucho al de un gobernante de un país tan pequeño como Hungría. Y si hasta ahora se le ha odiado tanto en la izquierda occidental, es de esperar que se llegue a nuevas cotas, porque el partido ya anunció ayer que con este resultado tiene un claro mandato de la ciudadanía para cumplir con sus promesas electorales en materia legislativa. Y esto incluye medidas para limitar las actividades de organizaciones que fomentan la inmigración, ONG habitualmente financiadas desde el exterior. Y que sirven para promover todos esos campos de los que Fidesz es radical adversario como son el multiculturalismo, las fronteras abiertas y la ideología de género. Las medidas llegarán con el provocador nombre de Paquete StopSoros, en honor del enemigo íntimo de Orban que es el multimillonario, magnate de la especulación financiera norteamericano George Soros, mecenas de todos los movimientos «progresistas» en todo el mundo, pero especialmente en Hungría su patria de origen. Ahí ya se anuncian nuevos conflictos con Bruselas.

Enemigo de izquierdistas
Está claro que Orban es ya el enemigo favorito para todas las organizaciones y activistas izquierdistas en Europa y para todos los partidos que quieren gozar de las simpatías en las mismas. Aunque esas descalificaciones como dictador no resisten la prueba de los hechos. Orban ganó en 1998 y cuando perdió las elecciones en 2003 se fue a su casa y tardó dos legislaturas en volver a ganar. Ahora lleva tres elecciones ganadas en unas elecciones de ejecución impecable. Aunque ciertas ONG han protestado porque consideran que el ambiente de agitación contra la inmigración y la propaganda del partido Fidesz intimida, asusta y genera odio. Denuncian que una mayoría de los medios defienden posturas afines al gobierno. Eso no es algo que pase solo en Hungría. Lo cierto es que todos han podido defender sus posiciones.
Los partidos de la oposición no han hecho protestas sobre el transcurso de las elecciones aunque tuvieran críticas para el contenido de la campaña del partido de Orban, plenamente enfocada a subrayar como máximo objetivo del gobierno impedir una sociedad multicultural en Hungría y por ello todo tipo de inmigración. Ese debate se ha centrado en el contenido de la propaganda electoral no en el fondo. Porque tanto los socialistas del MSZP como la extrema derecha de Jobbik, tercero y segundo partido después de Fidesz, defienden la negativa a las cuotas y la defensa de la valla que fortifica la frontera y construida por Orban a partir de 2015. De hecho es más fácil defender en Hungría posiciones a favor de la inmigración que defender en Alemania posturas contrarias a la inmigración o favorables a Orban.

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ORBAN ARROLLA Y SE ABRE PASO PARA UN TERCER MANDATO

Por HERMANN TERTSCH
Enviado Especial a Budapest
ABC  Lunes, 09.04.18

Elecciones en Hungría

El primer ministro tendrá una cómoda mayoría de dos tercios en el Parlamento

El primer ministro húngaro, Viktor Orban, consiguió ayer un arrollador triunfo frente a toda la oposición de derechas e izquierdas y frente a la campaña internacional contra su persona y su política. Sin resultados definitivos al cierre de esta edición, claro está que Orban contará de nuevo con esa abrumadora mayoría de dos tercios en el Parlamento que le permite mano libre para gobernar y legislar. Al final, los resultados son abrumadores. Sin ser definitivos otorgan 134 de los 199 escaños a Fidesz; 26 a la extrema derecha de Jobbik, cuyo líder dimitió nada más conocer la victoria de Orban; 20 escaños a los socialistas del MSZP; 8 a los Verdes, y otros, sueltos.
Orban compareció cerca de la medianoche en la fiesta junto al Danubio, en el Centro Balna. «Hemos ganado», comenzó su alocución ante una multitud entusiasmada con los resultados que aparecían en la gran pantalla cerca de la tribuna. Entre cánticos y banderas húngaras, el jefe del Gobierno dio las gracias «a todos los que habéis rezado por nosotros y a los que habéis rezado por mí. Esta es una victoria importantísima porque nos da los medios para defender con eficacia a la patria». Después del himno de la revolución de 1848 y del nacional, se despidió con un «Larga vida a Hungría» y, en latín, «Soli deo gloria».
Los húngaros habían ido a votar como nunca con una participación que llevó a muchos a descartar esa mayoría de dos tercios de los 199 escaños del Parlamento húngaro. La altísima participación disparaba las esperanzas de la oposición de acabar también con la mayoría absoluta de la alianza de Fidesz y los democristianos de KDNP. No obstante, si hubo movilización en Budapest del voto urbano anti Orban, se dio una inmensa afluencia a los colegios en todo el país y al final Orban sale muy fortalecido en Hungría y fuera.
La actitud hostil de Bruselas, de muchos gobiernos europeos, de la inmensa mayoría de los medios de comunicación occidentales y todas las ONG izquierdistas, muchas pagadas por el gran enemigo de Orban y también protagonista de la campaña, George Soros, no han logrado cambiar el escenario político. El resultado tendrá también consecuencias para el conflicto entre Orban y la UE, especialmente por la firmeza de su oposición a toda cuota de inmigrantes o refugiados.

Altísima participación
La participación sorprendió a todos. Se siguió votando pasada la hora del cierre en muchos locales en Budapest que tenían aún largas colas, y en las embajadas húngaras también se registró una afluencia sin precedentes. Unos decían que por fin muchos húngaros se habían dado cuenta de que tenían que votar para derribar Orban, y otros señalaban que los llamamientos del primer ministro a darle el apoyo para combatir a la UE y sus intentos de imponer cuotas de inmigración tendrían sus frutos. Así ha sido. Sin los dos tercios aún podía gobernar Orban con comodidad. No sin la mayoría absoluta. Porque todos los partidos de la izquierda y la extrema derecha de Jobbik descartaban apoyar al actual primer ministro.
Orban había votado con su mujer en su barrio y llamado a todos los húngaros a votar porque, según él, también «está en juego el destino de Europa», que ve en Hungría una forma alternativa de afrontar el futuro. El primer ministro ha conseguido, a pesar de liderar un país tan pequeño, un altísimo perfil en el debate ideológico actual en Europa y se ha convertido en un referente para muchas nuevas fuerzas de la derecha que han surgido tanto en Centroeuropa como en Europa occidental.
Como líder político en el grupo de Visegrado con Polonia, Chequia y Eslovaquia, el primer ministro húngaro ha destacado en presentar un discurso político alternativo al de Berlín y París y sobre todo al de su gran adversario, Bruselas. Esto, y los furibundos ataques que recibe desde el exterior, fortalecen su imagen de padre protector de la patria.
Orban se presentaba como el único capaz de impedir que las fuerzas exteriores impongan a Hungría unas medidas que nadie, ni la oposición, quiere, como son las cuotas de inmigración. El primer ministro acusaba a la oposición de seguidismo de las «fuerzas mundialistas» que quieren traer a Hungría la sociedad multicultural que existe en los países occidentales. Orban siempre cita a Alemania o Suecia como la amenaza directa que solo él y su partido son capaces de neutralizar. El resultado dispara su prestigio entre los sectores de la derecha europea que se ha alejado de las cristianodemocracias asimiladas a la socialdemocracia en muchos países y en especial en Alemania.

El candidato del partido socialista MSZP- Dialog, Gergely Karacsony, aún manifestaba por la tarde a ABC que estaba feliz con la alta participación. Tanto que advirtió al presidente de la República, Janos Ader, de que no podría encargar a Orban la formación de gobierno sin la mayoría absoluta, porque todo el resto de partidos le niegan el apoyo. Al final, Karacsony dimitirá como enésimo rival que devora el animal político que es Orban.

Dos húngaros vestidos de húsares votan ayer en la localidad de Vac
En cifras
69,13% participación
es la mayor registrada en Hungría desde la caída del Muro de Berlín
48,9% para Orban
de los votos emitidos fueron a parar a la alianza Fidesz, de Viktor Orban
134 diputados
obtiene el partido de Orban sobre los 199 que forman el Parlamento. En 2014 logró 117

VIKTOR ORBAN PRIMER MINISTRO

Enemigo del multiculturalismo


Viktor Orban ha sido primer ministro tres legislaturas. Este abogado de Szekesfehervar que con 25 años fundaba el partido Fidesz, aún bajo el régimen comunista, ya irrumpió en la historia con su memorable discurso ante cerca de un millón de húngaros en el homenaje y entierro en 1989 de Imre Nagy, el primer ministro que lideró el levantamiento de 1956 contra el régimen comunista y la URSS y ejecutado por ello. Estaba aún en pie el muro de Berlín. Orban exigió elecciones libres, la retirada de las tropas soviéticas y el fin del Pacto de Varsovia. Todo se cumpliría. Fue el interlocutor favorito de los occidentales en la transición. Receptor de una beca de George Soros para estudiar en Oxford, no sabía entonces el multimillonario que fomentaba la carrera de su peor enemigo. Porque Orban se hizo un político de la derecha que busca la lucha frontal con la izquierda para batirla en la urna y en la batalla cultural e ideológica. En 1998 ganó las elecciones y, según cuenta él, se precipitó tanto que las perdió cuatro años después. Volvió Orban y ha gobernado ocho años con éxitos económicos innegables. Pero su postura ideológica y su rechazo a la sociedad multicultural le han generado inmensa hostilidad en el exterior. Cada vez tiene más seguidores entre una creciente derecha que se distancia del centrismo social democratizante.

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ALGO HUELE A PODRIDO EN ALEMANIA

Por HERMANN TERTSCH
ABC  Domingo, 08.04.18

La corrección política ha corrompido al periodismo alemán

LA prensa alemana respiró aliviada. Toda ella, al unísono. Todos informaban, casi se percibía la satisfacción en las letras, que el autor del atentado con una furgoneta que sembró ayer la muerte en Münster era un loco alemán. «El autor es Jens R. del Sauerland». No era un refugiado musulmán invitado por Angela Merkel. Casi se oye el suspiro de alivio. Hasta los muertos parecen importar ya menos. Sin consecuencias políticas. Solo un disgusto. Pintaba mal, porque estos atentados no se pueden ocultar como otros delitos, violaciones y acosos que la prensa alemana cubre con el discreto manto de la corrección política. Para evitar bajas pasiones como el racismo. Para impedir que se aprovechen «los malos» que no son los criminales, dicen, sino quienes pretenden sacar «beneficio político» del crimen. Los medios alemanes se han homogeneizado bajo Angela Merkel hasta dar miedo. No porque lo imponga la canciller. Sino porque bajo ella el clima de la corrección política ha alcanzado cotas de negación de la realidad que evocan a aquella prensa de la RDA en la que creció. Con tanta obediencia y ganas de estar dentro, muy dentro, del rebaño.
Todos los medios ocultaron los sucesos de Colonia y otras ciudades en la Nochevieja de 2015. Casi todos atacan al unísono a cualquier intelectual que diga que «el rey está desnudo» y que la inmigración y los refugiados han destruido formas de vida y la seguridad en partes de Alemania, sobre todo para los más pobres. Atacan a quien se atreva a decir la verdad y no cejan hasta destruirlo. A autores como Sieferle, que se suicidó, a Tellman, a Sloterdijk y hasta a Safranski en cuanto sugieren que algo huele a podrido en la Alemania del consenso socialdemócrata. Donde se prohíbe la verdad en aras de la armonía. El alivio general ante la noticia de que no hay que inventar una locura de un refugiado porque tienen un loco alemán es casi ofensivo. En los medios y en los políticos. Esta vez no tendrán que tachar de «ultraderecha» todo lo que señale verdades incómodas. ¡Qué ruina periodística!
El fracaso moral e intelectual de los medios alemanes lo hemos sufrido los españoles estos días en propia carne. Desde hace años se da esta deriva hacia una prensa uniformada militante en favor del «Bien» y en cruzada «contra los males de la derecha». Contra la derecha y contra el derecho. La falta de respeto a la verdad que han mostrado los medios alemanes en la cuestión de Cataluña estos días no es casual. Es depravación habitual. Decidieron que el golpismo de Puigdemont era el refugiado y España «la derecha». Establecidos los dos polos del Bien y del Mal, ninguna verdad ni argumento podía impedir una defensa cerrada del delincuente y una condena unánime de quien reclama derecho. A esta perversa deriva del periodismo de ocultar lo que no conviene al Bien, se suman los políticos. Y no resisten todos los jueces. Ni en Alemania ni aquí.

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EL SOCIALISMO SE ALIARÍA CON LA ULTRADERECHA PARA ECHAR A ORBAN

Por HERMANN TERTSCH
Enviado Especial a Budapest
ABC  Domingo, 08.04.18

Elecciones en Hungría – Los candidatos

El presidente húngaro se mantiene como claro favorito en las elecciones de hoy

Alternativa tecnócrata Si Orban pierde la mayoría absoluta, los socialistas colaborarían con los ultras en un gobierno tecnócrata

Unos ocho millones de húngaros van hoy a las urnas a elegir a los 199 diputados de su Parlamento con la certeza de que Viktor Orban vuelve a ser el gran favorito y todo apunta que podrá asumir su tercera legislatura consecutiva, cuarta en total. Todos los sondeos le atribuyen a la alianza entre el partido de Orban, Fidesz, y los democristianos del KDNP una amplia mayoría. Sus posibilidades van desde el no lograr la mayoría absoluta, que sería su peor fracaso posible, a obtener la mayoría de dos tercios que le da en el parlamento mano libre absoluta y poder legislativo y de nombramientos incontestado.
Con un sistema de elección mixto –de listas y directa– la oposición vuelve a acudir a las urnas con una división que es desde hace dos legislaturas un inmenso regalo para Orban. El naufragio que sufrió la izquierda tras su gobierno derrotado en 2010 fue tal, que el segundo partido después de Fidesz es hoy la extrema derecha de Jobbik, con entre el 16 y el 20%. Y solo después aparece el Partido Socialista (MSZP- Dialog) que en ningún sondeo alcanza el 20% y todo concentrado en ciudades y especialmente en Budapest. Después vienen los Verdes y otros grupos menores.
El candidato socialista Gergely Karacsony es un sociólogo, de una izquierda moderada, que trabajaba en una compañía demoscópica y asume un cargo, el de rival de Orban, que ha devorado a todos sus antecesores. Ayer conversó con ABC poco antes de su último acto de campaña y se mostraba esperanzado en cuanto a las posibilidades de romper o al menos cuestionar el poder de un Orban que levanta pasiones entre sus seguidores y cuyo carisma eclipsa todos los esfuerzos de otros en campaña. «Se puede batir a Orban. Creo que tenemos la posibilidad de dejarle sin una mayoría absoluta y desde luego creo que puede excluirse que recupere la mayoría de los dos tercios». El líder socialista cree que esto es fundamental «para evitar que cambie el régimen local. Los ayuntamientos son hoy los únicos que crean un cierto contrapoder al poderoso gobierno de Orban. No solo los ayuntamientos que tiene la izquierda y Jobbik, también los de Fidesz».
La relación de los socialistas y el resto de oposición de izquierda con la extrema derecha de Jobbik es muy atípica. Colaboran con ella en ayuntamientos para hacer frente al gran partido del poder. Jobbik, que surgió como una fuerza cuasi nazi, se ha moderado y puja con la izquierda en favor de mayor transparencia y lucha anticorrupción, el gran talón de Aquiles de Orban. Jobbik tiene una difícil posición ya que Fidesz monopoliza el discurso nacional, de seguridad, de «hungaridad» y de defensa frente al ataque exterior. Karacsony no descarta una colaboración con la extrema derecha si Orban perdiera la mayoría absoluta. Se declara contrario a repetir elecciones y aboga por un acuerdo de emergencia y provisional. «La izquierda no puede presentar el caos como alternativa a Orban». «Si logramos que Orban pierda la mayoría absoluta lo mejor es crear un gobierno de tecnócratas para un tiempo tasado, con una personalidad de consenso a su cabeza. Para eso nosotros estaríamos dispuestos a colaborar con Jobbik».

Éxito económico
Orban presenta un balance económico con bastantes éxitos con un fuerte crecimiento del 4% y una tasa de paro que bajó de más del 10 al 4,2%. La oposición vierte serias críticas a la desigualdad social que considera la mayor de Europa y a la educación y sanidad que ve en situación desastrosa. Pero Orban ha aplicado una política de apoyo a las familias y de empleo social que ha surtido efectos positivos. Y una política de seguridad que la oposición no discute. Los que desde el exterior, con casi todo el periodismo europeo, con la Comisión, el aparato de Bruselas, con las ONG izquierdistas y la masiva financiación anti Orban del magnate George Soros atacan sin cesar la política de rechazo a cuotas y la valla construida por Orban no parecen saber que la oposición de izquierdas también está en contra de cuotas de refugiados e inmigrantes y defiende la existencia de la frontera fortificada. Karacsony critica a Orban en este campo no en el fondo, sino en su retórica de alarma para generar temores en la población a que Hungría podría pronto estar como las ciudades occidentales lo que es puro alarmismo y demagogia, dice.
GERGELY KARACSONY, LÍDER SOCIALISTA

«La izquierda paga hoy su desprecio a la causa nacional»

Gergely Karacsony, candidato socialista, ofrecía ayer a ABC algunas de las claves de los éxitos de Orban y de los motivos por los que la oposición no logra capitalizar la enorme hostilidad que el jefe de gobierno húngaro genera en el exterior. Dice que las campañas contra Orban de la mayoría de los medios de Europa y EE.UU., los gobiernos occidentales, las ONG y el Parlamento Europeo siempre benefician al atacado. Porque realzan su papel de protector de la nación húngara frente a unos ataques del exterior que el líder presenta como ataques a la voluntad de los húngaros, un argumento con enorme fuerza evocadora. En 1919 en el Tratado de Trianon las potencias vencedoras partieron no solo el Imperio Austro-Húngaro sino la propia Hungría y entregaron gran parte de su territorio a los vecinos, dejando al país con solo un tercio de su territorio y gran parte de la población húngara fuera de sus fronteras. «Desde entonces las heridas en el alma húngara son muy profundas». Aquello fue una terrible mutilación por intervención extranjera. Y existe una especial sensibilidad ante una agresión exterior real o imaginada. «La izquierda húngara cometió un grave pecado al ser antinacional. Y su desprecio a la causa nacional la pagará aun mucho tiempo». «La izquierda rechazó en su día dar la doble nacionalidad a los húngaros que residen fuera de nuestras fronteras. Yo estaba a favor. Después Orban se la otorgó. Los húngaros de Transilvania por ejemplo le adoran». Orban se ganó así la baza de defensa de la nación.

REUTERS
El candidato socialista húngaro, Gergely Karacsony, en un mitin electoral
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