LA TRIPLE ALIANZA

Por HERMANN TERTSCH
ABC  Martes, 22.08.17

Separatistas, islamistas y comunistas contra la España constitucional

CON la muerte a tiros del conductor de la furgoneta del atentado en las Ramblas parece concluida la operación contra el comando islamista que causó tanto horror. La eliminación física del último y principal asesino es un consuelo menor como final de la caza de los autores y responsables directos. Pero los acontecimientos habidos desde la salvajada del pasado jueves han abierto para España un abismo de interrogantes y zozobras. Más allá del dolor genuino, de las ceremonias voluntaristas, de tanto gesto tan solemne como inútil, de la hipocresía de tantos y las cataratas de palabrería huera de casi todos los políticos y los medios, este atentado en el corazón de Barcelona ha revelado hasta qué punto España está herida y humillada. Hasta qué punto el terrible legado de la dictadura que es la tolerancia de lo intolerable ha marcado las formas de pensar y actuar de los políticos y la sociedad entera. Hasta qué punto hemos rebajado con la subcultura de la transgresión nuestra voluntad de autodefensa y hasta nuestro instinto de supervivencia. Hasta qué punto el separatismo ha articulado ya una lógica de la ignominia muy similar a la del islam con sus enemigos, en el sentido de que, en nombre de la causa, todo vale para hacerles daño. La integridad moral ha sido abolida para esta fase decisiva de su guerra contra la unidad de España.
La matanza de Las Ramblas ha sido desgarradora. Pero cuando las escenas de sangre se retiren aparecerá el lodazal de amargura por errores, culpas, reproches, debilidades, deslealtades y bajezas que han marcado la realidad española de estos cinco días. Y odio. No habrá decisiones útiles ni consecuencias efectivas en lo que a la amenaza del lento estrangulamiento de las libertades en las ciudades europeas. Por parte de unas comunidades musulmanes que en muchas urbes ya imponen su voluntad en la cotidianidad en los espacios públicos. Se ignorará que una parte, quizás no mayoritaria pero considerable, ni condene ni lamente estas gestas bélicas que para muchos son hitos de ese avance del islam por Europa. El avance lo celebran todos. Lógico. Desde el peor al mejor musulmán, todos consideran que su fe y el sometimiento a Ala, la sumisión, hace mejores a los seres humanos. Nos quieren imponer lo mejor. Con cierta presión para quienes, confundidos, se resistan.

La sociedad española no tiene idea, creencia ni pensamiento capaz de movilizarla para resistir y frenar la expansión de dichas leyes de Alá. Por mucho que las considere brutales e inhumanas. Y si surgieran, los sofocarían los mecanismos políticos del consenso dominadas por un rechazo radical y veto cultural a liberarse de dogmas de la exaltación ilustrada. Como la arrogancia que presupone que el musulmán quiere integrarse. Preocupante es la incapacidad de los políticos de articular un discurso ante la evolución real del asalto demográfico del Islam a Europa. Y alarmante es la complicidad de la izquierda con los sectores radicales de ese islamismo. En varias ciudades se ha negado a condenar el atentado. Separatistas, islamistas y comunistas unidos en la cuchillada a la España constitucional. La triple alianza. La «cooperación antiimperialista» de comunistas e islam es algo de lo que han reflexionado desde el terrorista Carlos Ilich Ramírez a su admirador y gurú de Podemos, Jorge Verstrynge. El propio Pablo Iglesias lo simboliza bien como receptor de fondos tanto de los ayatollahs como del comunismo chavista. Y lo representan bien periodistas de izquierdas que en las televisiones basura en España señalan a periodistas críticos como enemigos del islam. Como animando a sus fanáticos socios al trabajo sucio. Cierta izquierda española parece ya compartir con los islamistas más que su odio a España, la libertad y a Occidente.
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MUERTE Y MENTIRA

Por HERMANN TERTSCH
ABC  Viernes, 18.08.17

Aunque Europa se engañe, estos crímenes tienen sentido

EL atentado de Barcelona tiene poca historia por detrás. Una furgoneta y unos autores con voluntad de matar al mayor número posible de occidentales, de europeos, de blancos, de cristianos. Llámenlos como quieran. De eso se trataba. El atentado tiene una terrible e inmensa historia por delante. La estremecedora cifra de víctimas demuestra que los dos hombres con voluntad de hacer daño han sido inmensamente eficaces. Contrastan los medios con los efectos desoladores. De las muertes, las vidas segadas, los heridos, los familiares, el inmenso dolor que nunca se apagará del todo, las vidas rotas, cientos de vidas quebradas de una forma u otra en las Ramblas de Barcelona. Esos son los destinos personales. De los colectivos, de las reacciones públicas, ya sabemos a estas alturas casi todo antes de que lleguen. El miedo subirá unos grados y la alarma antiterrorista cambiará de color. Y muchas palabras manidas. El islamismo no es el islam. No conseguirán nada. Son pocos y aislados. La comunidad musulmana está con la democracia, etc. Eso dura lo que dura en esa sociedad espástica en la que una frase manipulada de Trump sobre nazis hace olvidar la crisis nuclear con Corea del Norte. Y en España unos delincuentes separatistas coparán las portadas con sus chulerías en cuanto hayan sido enterradas las víctimas.
Si no se repite pronto se bajará la guardia y pronto nos dirán que ha habido más ahogados este verano que muertos por el yihadismo. Nadie dirá que este atentado cumple su papel a la perfección, que lo cumple. Porque el Daesh puede retroceder en Mosul o en Racqa pero nunca deja de avanzar por la geografía urbana de las ciudades europeas. Estos atentados son su bandera. No hacen falta muchos. Nos demuestra que están aquí y dispuestos a matar. Esa es su superioridad. Son más fuertes mentalmente, son cada vez más y han venido a mandar. Ellos tienen fe, creen en su Dios y también en su destino. No son terroristas ni yihadistas la mayoría. Pero nunca estarán de parte de los infieles en ninguna guerra. Por mucho que se empeñe y engañe el necio mensaje de la corrección política socialdemócrata en Europa. Esa que combate implacablemente a los europeos que creen en la cohesión cultural y abre las fronteras a quienes quieren destruirla.

Ellos tienen muchos hijos, todos los que Alá les otorga. Un dios que cada vez tiene a más que le rezan en Europa. Mientras el dios que, con su figura del humano a su imagen y semejanza, hizo posible la sociedad libre, compasiva y próspera de Occidente ya no tiene quien le rece. El atentado de ayer es como el de Niza, Berlín y otros en ciudades con grandes comunidades musulmanas. También los hubo en Israel. Atentados, miren por dónde, celebrados por parte de mucha izquierda española. Ayer destacaba en sus solemnes condenas la soldadesca de la depravación política del nacionalismo catalán y la izquierda española. Como si Barcelona fuera un escenario equivocado. Como si cuando firmaron con ETA que no matara en Cataluña y solo en el resto de España, la yihad también hubiera firmado. Porque esos filoterroristas que adoran a Otegi, hacen campaña para las FARC y cobran con Hizbullah, en Teherán o en la narcotiranía de Maduro, no soportan que les recuerden que los asesinos que ayer sembraron la muerte en las Ramblas de Barcelona son sus camaradas. Porque aunque rechacen horrorizados esta, la más brutal, global y asesina de las acciones de turismofobia, lo cierto es que comparten con los autores el odio a muerte a Occidente.
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EL FRENTE POPULAR CALIENTA MÁQUINAS

Por HERMANN TERTSCH
ABC  Sábado, 12.08.17

El acuerdo de Castilla-La Mancha es un paso más hacia ese Frente Popular que es la única forma que tiene Pedro Sánchez de gobernar

«A Rajoy hay que echarle sacando más votos, no con pactos espurios», decía muy ufano García-Page, el presidente socialista de Castilla- La Mancha. «Lo que hoy parece espurio, mañana es necesario», le ha contestado con toda contundencia José Luis Ábalos, secretario de Organización del PSOE y cada vez más consolidado comisario de Pedro Sánchez fustigador de desviaciones, impertinencias y torpezas de oportunidad. García-Page todavía pretendía asegurarse él su acuerdo y su gobierno pero al mismo tiempo mantener mínimamente intacta su fiereza anticomunista desplegada en la pasada campaña electoral y ante las primarias del PSOE. Es decir, que él sí puede formar gobierno con los comunistas financiados por Venezuela y declarados partidarios de la represión criminal que lleva a cabo Nicolás Maduro. Él sí puede gobernar con quienes son enemigos declarados de la Constitución española y montar una constituyente parecida a la del régimen narco-chavista que los protege. Pero en el Gobierno de España, García-Page pretende que no haya «pactos espurios». La contradicción era excesiva. Con una sonora bofetada verbal, Ábalos le ha venido a decir que «lo que hoy te parece a ti espurio, torpe, es nuestro proyecto a corto plazo y lo imprescindible nunca se descarta».
El acuerdo de Gobierno de Castilla-La Mancha es por lógica un paso más hacia ese Frente Popular que es la única forma que tiene Pedro Sánchez de gobernar. Ni puede ni quiere esperar a tener otra mayoría porque ese es su ideal. Sánchez prefiere ser líder de unas fuerzas izquierdistas en las que él pueda aplicar todo su sectarismo ideológico y, pese a ello, ser el aparente factor de moderación de su gobierno. Sería ridículo que esperara a unas elecciones en 2020, con su inmenso riesgo para él, cuando aritméticamente puede forzar el cambio de gobierno antes.

Las alianzas frentepopulistas en las grandes ciudades y en otros gobiernos regionales han demostrado ya que, aunque sus gobiernos son capaces de hacer muchos más y peores disparates que el PP, no se hunde el mundo con el Frente Popular en el poder. El miedo a los socialistas no ha aumentado por su evidente disposición con Sánchez a pactar con los comunistas de Podemos. Mariano Rajoy pierde favor porque su estrategia del miedo ya no compensa el hartazgo. Cunde la desilusión y falta de expectativas, la ausencia de todo proyecto político que vaya más allá de la supervivencia del presidente y sus acólitos. Por eso no le sirven ya en los sondeos los excelentes resultados económicos. Parece que los españoles dan por hecho que se ha salido de la crisis y creen que precisamente por eso es hora de cambiar de discurso y de hacer política. Nadie cree que Rajoy la haga. El Frente Popular calienta máquinas. Se completa así la regresión histórica iniciada en 2004 por Zapatero con el entierro de la reconciliación nacional. Solo un gran golpe de timón, con fuerza política y coraje, podría cambiar el rumbo. Cuando más necesario es, apenas alguien lo concibe.
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EL MAL, SEGÚN LOS BUENOS

Por HERMANN TERTSCH
ABC  Martes, 15.08.17

La manipulación mediática contra Trump alcanza cotas delirantes

TODOS saben ya lo fácil que es arrearle al presidente norteamericano Donald Trump. Hay ya una industria del entretenimiento como las teleseries. Que consiste en reírse del presidente norteamericano e insultarle. Sin complejos. A él, a su mujer, a sus hijos, al hijo menor al que se tacha de subnormal y enfermo. Y a sus votantes, por supuesto. Esos seres despreciables a los que Hillary Clinton tachó de «desecho» y «basura social». Esos analfabetos que no leen ni a Kant ni a Manolita Lindo, que ven la televisión bebiendo cerveza y con el rifle en el regazo, según finos analistas europeos. Esos mismos norteamericanos que murieron en Normandía y mueren hoy en los frentes de todo el mundo para que los europeos tengan libertad para insultarles. Y se puedan permitir desplegar toda su cobardía y sus miserias ideológicas de jugueteo con totalitarismos.
Resultó que EE.UU. está lleno de seres despreciables que se negaban a votar a la notoria mentirosa, manipuladora, arrogante, corrupta y codiciosa recaudadora de regalos y dineros de todo el globo con su Fundación Clinton. Y ganó Trump. Desde entonces, los sumos sacerdotes de la socialdemocracia mundial, los poderosos y los clérigos de la nueva Iglesia de la Imposición Izquierdista que son los medios de comunicación y la «intelectualidad» salida de fábricas universitarias de fanatismo, solo piensan en acabar con Trump. Porque no les obedece y puede desmantelar el andamiaje de mordazas ideológicas, intereses y regulaciones económicas y políticas que componen las estructuras socialdemócratas que Obama comenzó a imponer en EE.UU. Las que rigen en una Europa donde la libertad desaparece y discrepar es ya capricho peligroso. Ellos son los buenos que dictan qué es el mal. Ahora necesitan un delito de Trump. Y lo buscan desesperadamente todos, desde infiltrados en la Casa Blanca a gobiernos europeos y la UE, desde millonarios a congresistas y compañías multinacionales, medios de comunicación y el funcionariado. Con este esfuerzo es probable que se lo hubieran encontrado a todos los presidentes anteriores. No se descarte que se lo encuentren a Trump. Puede que tenga cadáveres en los armarios. Pero está costando. Y eso que buscan muchos que tienen sus propios armarios como una morgue.

La manipulación delirante de los medios contra Trump pasa por días gloriosos. Él es el mal, han decidido los buenos. Diga lo que diga, haga lo que haga. A preguntas sobre Venezuela de periodistas, Trump dijo que EE.UU., implicado en todo el mundo en favor de la libertad, no puede ignorar la tragedia de un país casi vecino. Y que estudiaban todas las opciones contra Maduro. Incluida la militar. Una superpotencia no renuncia nunca a opciones que puedan ser necesarias. Eso no lo saben los becarios en los medios ni las andrealevys antiimperialistas del PP, pero sí todo ser algo inteligente y algo informado. La respuesta era impecable. Pues la convirtieron en una «amenaza de invasión» que agitan con histeria hipócrita como si Trump hubiera anunciado el desembarco. También lo han tachado de racista, qué menos. Porque osó denunciar no solo a los nazis sino también a esa izquierda radical y comunista. Que fue la que en Charlottesville inició la violencia. Porque parte de esa «europeización» consiste en que solo la izquierda tiene derecho a manifestarse sin ser agredida por contramanifestaciones. El racismo es despreciable. Trump debió subrayarlo. Nadie ha contribuido más a su rebrote que Obama y su multiculturalismo que fracciona la sociedad norteamericana. Despreciable es también la arrogante pretensión de que la izquierda tiene una superioridad moral natural sobre cualquier idea discrepante y tiene derecho a aplastarla. Despreciables son todos los totalitarismos. También ese. Trump no ha defendido ninguno. Los medios biempensantes sí.
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PROSTITUCIÓN SEMÁNTICA

Por HERMANN TERTSCH
ABC  Viernes, 11.08.17

Los juegos del PP con el concepto de Nación

LLEVAMOS dos días de los nervios algunos españoles porque en pleno agosto nos ha arrebatado la última de nuestras certezas. Dice Andrea Levy, la pensadora del Partido Popular, que en España hay naciones sin estado. Eso lo ha dicho y aunque después ha querido dar por desmentidas mil cosas que no ha dicho, esa que ha dicho no la desmiente. Afirma, muy cierto, que existe una única nación, la española, pero añade sin despeinarse que dentro de la misma existen naciones sin estado. Es decir, que ya ha llegado la joven por sí misma al descubrimiento de Pedro Sánchez de la nación de naciones. El PP usa el verano para acomodarse donde se había colocado el PSOE hace un año. Así, el PSOE se podrá ir un poco más lejos en otoño. Siempre todos en el mismo camino, en la misma dirección hacia la destrucción de la Nación española y la deslegitimación de la Constitución. Sin dar jamás un paso atrás. Sin una enmienda. Sin una mínima reflexión sobre la posibilidad de que las soluciones quizás pudieran estar en la dirección contraria a una centrifugación de cuarenta años cuyos resultados son palmariamente catastróficos y amenazan con llevarnos al enfrentamiento civil a medio plazo.
Pues no. El PP, el último partido político que defiende o defendía aún verbalmente la existencia de la Nación Española se lo está replanteando. Dicen que no, pero saben que sí. Como siempre que el PP abandona una posición en algo trascendental para España, lo hace emulando las más perversas transformaciones del PSOE. Así ha sucedido con el terrorismo de ETA, con la Memoria Histórica, con la ideología de género, con la política fiscal, con la reforma constitucional y ahora con este comienzo de adaptación a la demente y vacía posición del PSOE sobre la Nación. Que no soluciona nada y por el contrario cede de nuevo posiciones al enemigo y debilita al Estado. Inspirada como está en aquella felonía de «la nación discutida y discutible» de Zapatero, ser lamentable y venenoso allá donde actúe.

Esta vez el PP parece tener prisa. Porque se le echa encima el día 1 de octubre y ya está buscando acomodo para la situación que surja cuando una nueva brutal afrenta y desafío al Estado de Derecho quede sin la respuesta proporcional necesaria que exigiría la suspensión o radical revisión de la autonomía. Cada vez son más los que creen que el Gobierno no se va a atrever a tomar las medidas necesarias para frenar el golpe de estado, detener a los culpables y restablecer el orden y la ley en Cataluña y toda España. Una tarea histórica que habría sido más fácil antes, si algún líder pensante y responsable hubiera puesto los intereses del Estado y de la Nación Española por encima de sus mezquinos intereses de legislatura. Pero esa tarea histórica de acabar con esta deriva suicida tendrá que hacerse más pronto que tarde. Si no es ahora será más adelante con mayor coste. Cuarenta años ya atacan y agreden los separatistas, con balas, odios y mentiras a la Nación española. Y les ha cundido. Frente a ellos no hubo ni hay una defensa integral y coherente de quienes juraron defender Constitución y Nación. No hay respuesta con músculo moral ni proyecto nacional frente al inmoral y totalitario desafío. La respuesta es una baba retórica, mezcla de pensamiento débil y miseria moral de Pedro Sánchez o la chiripitifláutica «pensadora» del PP. Pero además de necedad e impotencia hay bajeza: porque esta orgía de la prostitución semántica, este alarde de contorsionismo verbal, pretende vaciar de significado todos los conceptos para que los españoles acaben por no entender que se les está robando la patria.
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PUTIN Y SUS RELATIVISTAS

Por HERMANN TERTSCH
ABC  Martes, 08.08.17

Quien acepte violaciones de fronteras pasadas, las acepta futuras

ES lo que tiene el relativismo, que corrompe relaciones y conocimientos, diluye convicciones, confunde valores, destruye compromisos y principios y hace especialmente fácil que adquieran notoriedad quienes gustan pasarse de listos. Cuando da igual 8 que 80 y se quiere educar a los niños desde pequeños en la teoría de que no son chicos ni chicas, tengan vulva o pene, y que pueden ser las dos cosas o tres o cuatro sexualidades si apetece, cómo nos va a extrañar que los políticos hagan piruetas con los principios, los acuerdos y hasta las fronteras y los tratados internacionales. Hay políticos tan atados a la moda que cambian de valores defendidos varias veces en la misma temporada. Algunos son permanente hazmerreír. No haremos sangre con Javier Maroto, ese político del PP vanguardia en el zeitgeist que se lleva mejor con su peluquera proetarra de Vitoria que con los fachas que votan a su partido. Al que por presumir de su larga lucha contra la central nuclear de Garoña hay que recordarle su voto pronuclear.
Pero hablemos hoy de otro frívolo entre frívolos, un político alemán, que con buena lógica se ha ido a sembrar su provocación para salir en los papeles en verano al «Nassau Beach Club» en Mallorca, donde hay ahora más medios alemanes que a pie de la Cancillería en Berlín. Al menos mientras las hordas nazis pancatalanistas, paradojas de la historia, no se dediquen a la caza del alemán por las islas. Allí, el presidente del partido liberal FDP, Christian Lindner, se ha olvidado de que pretende gobernar con Angela Merkel después de las elecciones de septiembre próximo. Como insultar a Donald Trump ya no da titulares, optó Lindner por un par de carantoñas para Vladímir Putin y se unió al coro que pretende levantar las sanciones a Rusia. Es lógico que muchos alemanes lo quieran, por sus perjuicios económicos. No lo es que políticos que pretenden gobernar en Berlín se muestren comprensivos con invasiones rusas en otros países. Y eso es lo que hizo Lindner al decir que había que aceptar como algo «provisional pero permanente» la anexión de Crimea. Y empezar a olvidarlo.

Que unos políticos alemanes, sí, del mismo país que se repartió con Rusia todo el territorio de Polonia en 1938, que anexionó Austria –con referéndum como Putin en Crimea–, que se merendó los Sudetes –como Putin ha hecho con Ucrania oriental–, no puede «regalar» territorios de terceros a un invasor ni «comprender» anexiones. Lindner es un bocazas. Pero hay más que piensan como él. Que como Putin quiere considerar papel mojado todos los acuerdos internacionales firmados por Rusia que reconocen las fronteras de Ucrania. El argumento más peregrino es que Crimea había sido Rusia antes y que pasó a Ucrania bajo Jruschov. En nada afecta eso a los acuerdos internacionales posteriores. Perú ha sido España más tiempo que estado independiente. Y nadie justificaría su anexión. Media Polonia ha sido Alemania, un tercio fue Austria. El desprecio a las fronteras por un político alemán es siempre un escándalo. Jueguen con las fronteras europeas y verán pronto qué juerga. Rusia ocupa parte de Ucrania, un país europeo soberano que demostró heroicamente preferir morir a volver bajo la bota de Moscú. Putin financia masivamente a partidos y medios de izquierdas y derechas en Europa para hacer prosperar sus tesis. Es comprensible que cuajen en la izquierda totalitaria, en grupúsculos fascistoides y en todos esos relativistas que pululan por los partidos tradicionales. Ridículo es que la derecha emergente europea, la que puede romper ese siniestro consenso de la socialdemocracia que es la fuente del relativismo y del ocaso cultural occidental, caiga cautiva de este pretencioso y brutal estafador totalitario que es el caudillo ruso.
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ENTREVISTA. HERMANN TERTSCH: “EN PRISA SE TRABAJA PARA SORAYA SÁENZ DE SANTAMARÍA”

Por RUBÉN ARRANZ
VOZPÓPULI  Sábado, 05.08.17
Hermann Tertsch habla en esta entrevista sobre la condena que ha recibido por referirse al abuelo de Pablo Iglesias como “miliciano criminal”, sobre el proceso soberanista, sobre el duopolio de la televisión en España y sobre el daño que -considera- ha hecho a la sociedad el marxismo cultural. Como es habitual, no se muerde la lengua.

Hermann Tertsch (Madrid, 1958) ha sido recientemente condenado a indemnizar con 12.000 euros al padre de Pablo Iglesias por escribir un artículo en el que calificaba al abuelo del líder de Podemos de “miliciano criminal” y le acusaba de haber participado en ‘sacas’ durante la Guerra Civil. El periodista de ABC recurrirá la sentencia porque asegura que en su texto no incurría en ninguna mentira y porque considera que “la izquierda no tiene derecho a imponer su visión sobre el pasado” y a ocultar los episodios que no benefician a sus dirigentes.

No es Tertsch amigo de esquivar charcos y, de hecho, en esta entrevista -telefónica- se pronuncia sobre varios temas controvertidos. Habla de Cataluña, del “acomplejado” Rajoy, del duopolio de la televisión en España, del marxismo cultural, de la dictadura de lo políticamente correcto o del “asesinato civil” que le quiso practicar La Sexta. También se refiere al proceso judicial sobre el abuelo de Iglesias, que, a su juicio, tuvo algunas irregularidades…

¿Esperaba este varapalo judicial?
Teniendo en cuenta que se llevaron la causa a Zamora, donde el padre de Pablo Iglesias ha sido inspector de Trabajo y profesor, y donde gobierna Podemos -con una influencia determinante del padre de Iglesias-, la verdad es que había motivos para pensar que esto podía ocurrir.

¿No es un poco osado pensar que el proceso judicial estaba viciado?
A nosotros nos extrañó todo lo que ocurrió. Y digo más: yo fui acompañado a la vista pública por una serie de periodistas y amigos míos, entre los que estaban María San Gil o Ignacio Ruiz-Quintano. Cuando lo vio el demandante, habló con la fiscal y ésta, a su vez, con la juez. Entonces, decidió que la vista, que iba a ser pública, se celebrara en privado. Una cosa absolutamente anormal. No lo protestamos porque pensamos que, dado que jugábamos en campo contrario, eso iba a empeorar la predisposición de la juez.

El caso es que al final ha sido condenado a pagar 12.000 euros por injurias…
No me pilla por sorpresa la condena en primera instancia.

¿Va a recurrirla?
Está claro. Tengo el apoyo del periódico y de la empresa editora porque son conscientes de que lo que nos jugamos aquí es el hecho de que la extrema izquierda, los comunistas españoles, tengan derecho a veto sobre lo que se habla de la Guerra Civil y de nuestra historia. Y eso no lo pienso consentir. Quieren que hablemos todo el rato de la dictadura y de Franco, pero no de las atrocidades del Frente Popular, cometidas por gente como el abuelo de Pablo Iglesias o por Margarita Nelken, que fue la ideóloga de ‘las sacas’ y que trataba como si fueran ratas a todos los anticomunistas en Madrid. Era la jefa del abuelo de Pablo Iglesias.

¿En qué va a basar el recurso?
La sentencia es grotesca y, entre otras cosas, no desmiente en absoluto los términos en los que yo hablaba. Al señor Manuel Iglesias se le buscó durante toda la guerra, entre otras cosas, por el crimen del que se le acusa, que es el de sacar al marqués de San Fernando de su casa y matarlo. Esto no es una opinión ni forma parte de la propaganda de la época, sino que es un hecho probado. De ahí que estemos dispuestos a acudir al Tribunal Supremo y al de Estrasburgo si no nos dan la razón las siguientes instancias judiciales. Porque, repito, lo que nos estamos jugando es la libertad de hablar de nuestro pasado de una forma que no les guste a los comunistas. A los enemigos de la libertad y a los manipuladores de nuestra memoria y de nuestra historia.

¿Está diciendo que en España no pueden hablar con la misma libertad los que defienden a los republicanos que los que critican ‘las sacas’?
Claro. La anomalía de España, que era el Franquismo, nos ha llevado a esta situación, que es terrible y que surge del éxito del comunismo en la Segunda Guerra Mundial. Los comunistas son parte de los buenos y eso provoca que todas las evidencias y las pruebas que aparecen a partir de 1956 sobre la represión que provoca y sobre el brutal aplastamiento de sus enemigos, se obvien. Principalmente, porque hay una singularidad en el nazismo que es el holocausto y es lo que más pesa en ese momento. Pero en todo lo demás, es una ideología igual de criminal. Pese a esto, en Europa Occidental eso no se ha aceptado y los comunistas siguen teniendo una especie de plus.
No se puede consentir que los comunistas tengan derecho a veto sobre nuestra memoria.

Usted lo denunciaba en su artículo de ABC del miércoles, en el que hablaba del dominio del marxismo cultural.
Exacto. Eso hace, entre otras muchas cosas, que mientras aquí se identifica comunismo con progresismo, en los países del Este de Europa se le considera una ideología reaccionaria y criminal. De hecho, allí están prohibidos tanto los símbolos nazis como los comunistas. Eso no se sabe en España porque la izquierda radical trata de que sólo se hable de lo que quieren sus simpatizantes.

Algo habrá hecho mal la derecha en la que usted se encuentra para que se haya producido esta situación, ¿no?
En España, la derecha tiene un complejo con el Franquismo que ha llevado a que no defienda ninguno de sus valores por temor a que la izquierda los identifique con la dictadura. Eso ha afectado a la idea de la unidad de España o al de la autoridad, dos conceptos muy importantes que hoy se encuentran en entredicho. Se puede decir que mientras la derecha ha hecho una dejación de sus funciones en este sentido, los jóvenes han sido adoctrinados en espacios como las universidades, dominados por el marxismo cultural. Dicho esto, no tengo duda de que en España hay una sólida masa de ciudadanía que se rige por una serie de valores profundos y permanentes, pero que en este país son ridiculizados, caricaturizados y sistemáticamente atacados por la prensa, el cine o la televisión.

¿Pero no es exagerado pensar que las personas de ideología conservadora viven sometidas a una permanente humillación?
Es que es así. Se conciben como normales mensajes sectarios y equivocados. El ‘abajo el capital’, el hecho de que se hable de que el empresario es siempre un canalla, de que el cura siempre es un pederasta, de que el rico es siempre malo, de que aquel que ha prosperado es culpable siempre de explotar a los demás y es una mala persona… Es un discurso cultural horrendo.

Ha situado anteriormente el foco sobre la televisión. ¿Qué papel atribuye al duopolio Atresmedia-Mediaset en este fenómeno que denuncia?
El duopolio es un capítulo negro de esta democracia en la que tantos privilegios se ha entregado a los enemigos de España. Es una anomalía que viene de la época de (José Luis Rodríguez) Zapatero, de ese aciago 2004 del que tantas cosas se nos han ocultado. Recordemos que este presidente inventó La Sexta para unos amigos y que, poco después de abrirla, estaba en quiebra. No podía seguir ni un minuto más.

Ahí surge el interés de Atresmedia…
Lo que ocurrió fue que, cuando llegó el PP, en una operación totalmente irregular, unifican La Sexta y Antena 3 para obtener el favor del Grupo Planeta, (Jaume) Roures y compañía, que es algo que le interesaba especialmente a la vicepresidenta del Gobierno. Desde entonces, este canal se ha dedicado a reventar al PSOE y a fomentar la extrema izquierda.
Cuatro y La Sexta son órganos de extrema izquierda en los que se sacude todo el día a la Constitución.

¿Y qué hay de Mediaset?
Mediaset, cuando ve que la fórmula funciona y sube la audiencia, convirtió Cuatro en algo parecido a La Sexta. En un órgano de extrema izquierda donde están 24 horas al día y 7 días a la semana sacudiendo a la Constitución y a las instituciones, haciendo apología del Frente Popular y del fraccionamiento de España. En fin, todos los enemigos de España tienen su cabida en esas dos cadenas, independientemente de que metan -supuestamente, para poner el contrapunto- a profesionales como (Francisco) Marhuenda o (Eduardo) Inda.

¿Pero no suena un poco extraño el hecho de que el Gobierno hiciera esta concesión a las televisiones que ahora le atacan, como usted dice, todos los días?
Es que en Cuatro y La Sexta se omiten premeditadamente datos que son especialmente vergonzantes para el PP, como el hecho de que haya liquidado el partido en regiones como el País Vasco, o de que haya realizado permanentes cesiones a la izquierda ideológica, como mantener la miserable Ley de la Memoria Histórica, que es la punta de lanza de todo el revanchismo que nos afecta. El partido también se ha posicionado a favor de la ideología de género, que es un mecanismo totalitario que se nos va metiendo por todas las grietas en el Estado, que nos va a estrangular y que sólo tiene en contra a grupos fáciles de ridiculizar, como Hazte Oír. La derecha ha renunciado a denunciar este tipo de fenómenos, que lo que persiguen es el establecimiento de un régimen en el que la verdad quede proscrita. Y las televisiones, como puedes deducir, son cómplices de quienes quieren fomentar ese régimen, con la connivencia del PP.

Acaba de meter en el mismo saco a Rajoy, a Sáenz de Santamaría, a Pablo Iglesias y a Pedro Sánchez. ¿No resulta un poco difícil de creer?
Es que es así. Todos están de acuerdo en puntos tan peligrosos y tenebrosos como la ideología de género, independientemente de que Pablo Iglesias quiera cargarse (políticamente) a Rajoy y ahorcarnos a otros cuantos. El PP, que es pura cobardía, siempre parece dispuesto a traicionar a la derecha española.

¿Se siente perseguido por opinar a contracorriente en terrenos como las redes sociales?
En las redes sociales hay muchísimos canallas. Yo estoy voluntariamente desde hace varios años y, hasta el momento, no me han logrado echar, aunque me han dicho y hecho de todo.
He sido víctima de una cacería, aunque no me callarán.

También se las ha tenido tiesas con algunos periodistas en televisión…
Es que creo que hay muy pocos ejemplos en Europa en los que periodistas y políticos se hayan puesto de acuerdo para organizar cacerías de periodistas como la que ha ocurrido en mi caso concreto. Pero bueno, que yo esto lo hago porque quiero. Creo que es necesario hacerlo. Es necesario que alguien hable.

¿Pero no cree que habla usted más de la cuenta sobre determinados temas?
Mira, el problema fundamental de este país es de valor. Nadie es capaz ya de arriesgar nada por nada y eso provoca la paralización y la podredumbre de la sociedad. Y después eso se paga. Mira, me pasaba mucho eso en El País. En las reuniones editoriales muchas veces me quedaba solo. Perdía ante la corriente mayoritaria. Y había muchos días en los que, después de la reunión, unos cuantos de los que habían asistido se acercaban a mí y me daban la razón.

Le daban la razón en la cafetería, pero no delante del jefe…
Exacto. Eso es muy típico en un país en el que las madres les dicen a los hijos que no se signifiquen, que no llamen la atención. Aquí nadie dice realmente lo que piensa, todos calculan el efecto de aquello que estiman que puede afectar a su prosperidad, a su seguridad o a su imagen. Nadie dice nunca la verdad. ¿Cuándo empezó esto? Pues yo qué sé, quizá durante la Inquisición. O incluso antes. El caso es que hoy en día es un hábito, la gente nunca dice la verdad y eso pudre a una sociedad.

Hablemos de usted. ¿Cuándo considera que empezó esa campaña que denuncia contra su persona?
Cuando me fui de El País. Yo para todos ellos era un hereje. Sabían que venía del PP, pero también tenían claro que yo no era un meapilas ni venía del Opus. Digo el Opus porque todos sus miembros han hecho siempre grandes ejercicios de hipocresía para estar en lo políticamente correcto, en la izquierda. Pero yo no soy así y eso en El País les descolocaba.

Usted se va de El País, ¿y qué ocurre a continuación?
Que aterrizo en Telemadrid y empiezo a decir cosas que no se decían en ningún otro sitio. Entonces, desde el programa de ‘El Gran Wyoming’ empiezan a emitir un vídeo-montaje, manipulado, en el que se decía que yo quiero matar musulmanes sin especificar en absoluto en ningún sitio que aquello era una broma. Entonces, yo lo llevo a juicio, claro. Quisieron mi asesinato civil.

¿Cree que su fuerte reacción les dio más motivos para continuar?
Es que todos los días me llamaban borracho, fascista, nazi y no sé cuántas cosas más. Yo les llevé a juicio por aquel caso. Te repito: quisieron mi asesinato civil. Yo desde entonces tengo claro el porqué somos tan pocos los que nos atrevemos a hablar.

¿Por qué?
Porque nadie quiere exponerse a que le pase lo que me ha ocurrido a mí en La Sexta. Nadie se expone a que le crucifiquen, a que le llamen nazi, a que se rían de él o a que le monten coros llamándole borracho en la calle. Ni políticos, ni periodistas, ni tan siquiera un juez con una sentencia contraria a lo que defiende esta gente. Nadie en España lo quiere, y con mucha razón. Eso sí, yo he sufrido esas consecuencias y las he sobrevivido con mucha tranquilidad. Y ahora tengo casi 60 años y, como comprenderás, ya no me van a intimidar.

Sea sincero, ¿ha tenido la tentación de retirarse?
No, de retirarme no, aunque sí de dedicarme a escribir y apartarme de este tipo de personas, que son basura, cobardes, hipócritas y delincuentes. Pero he seguido porque creo que si se pierde esta batalla, este país ya sí que no tendrá ninguna solución.

¿Considera que existe menos libertad para hablar que hace 30 años?
Hay mucho más miedo hoy. Mira, mi padre fue juzgado por injurias al jefe del Estado en los años 60, en España, denunciado por los March, y tuvo dos juicios. Los periodistas más pelotas no quisieron saber nada. Fueron muy poquitos los valientes que se pusieron de parte de mi padre. Pues bien, ganó los dos juicios: a los March y a Franco. Dudo que eso pudiera pasar hoy en día.

¿Está entonces la sociedad atenazada por lo políticamente correcto?
Yo lo que sé es que el deterioro es permanente. Han creado mecanismos para aterrorizar a todo el mundo. Y la gente se asusta y cada vez dice menos lo que piensa. Estamos creando una sociedad miedosa y bloqueada. Esto es así porque te pueden cerrar, te pueden bloquear y te pueden cortar lo que quieran y cuando quieran con los argumentos más peregrinos. Cuando la ofensa a alguien es un pretexto para impedir expresarte, el resultado es la muerte de la sociedad.

¿Cómo se cambia esa dinámica?
Yo creo que la gente debería arriesgar un poquito de su seguridad, de su bienestar o de su tranquilidad. Mi único interés es que haya una serie de gente que defienda esas libertades. Y creo que la hay, lo que pasa que en condiciones heroicas y asustados. Hoy en día todos se plantean el precio que tiene expresar su opinión. Es acojonante.

Se refería antes a su período en Telemadrid. Parece difícil pensar que en esa cadena, controlada por el Gobierno de Esperanza Aguirre en su día, no recibiera alguna orden de arriba.
Pues no la recibí jamás. Además, todo el mundo que me conoce sabe que no la hubiera aceptado.

Es consciente de que en ese período se registraron varios casos de manipulación informativa, ¿no?
Mira, yo he sido subdirector del diario El País y ahí sí que se recibían órdenes.

Ya que lo cita, aprovecho para preguntarle por su antigua empresa. ¿Cómo ve Prisa?
Hundida. ¡Pero si estaba quebrada y la salvó Soraya (Sáenz de Santamaría)!. Y ahora allí se trabaja para ella.

Iniciado agosto, cada vez está más cerca el 1 de octubre, fecha clave en Cataluña. Usted, que conoce bien los Balcanes, sabe bien que en España se ha advertido en reiteradas ocasiones del proceso de ‘balcanización’ que aquí tiene lugar. ¿Ve similitudes entre estos territorios?
Yugoslavia era un país artificial creado por los vencedores de la Primera Guerra Mundial, con un espíritu sentimental, sustentado en el siglo XIX con la eslavofilia de entonces. Por eso sólo sobrevivió bajo la dictadura. Era un país evanescente y en cuanto la gente pudo expresar su opinión, desapareció. Lo de Cataluña es muy distinto. Yo no estoy de acuerdo cuando se habla de ‘balcanización’. Allí se ha dejado crear, por la debilidad de la democracia española y de las fuerzas políticas, un mensaje tribal y fascista. No era ni lógico ni necesario y se dieron todos los elementos a los más radicales del nacionalismo para excluir a España de su territorio.

Habla usted poco menos que del harakiri de España
Es que ha sido un suicidio. España se dejó cortar un miembro porque se pensó que podía vivir sólo con la cabeza. Eso fue absurdo. Les dimos las herramientas para crear un pasado artificial y ahora nos están robando el derecho a decir la verdad sobre nuestra historia. Quieren hacer desaparecer hasta el último rastro de lo que pudiera identificarse con España a base de mentira, a base de coacción, a base de chantaje, a base de hundir la vida de las familias que quieren una educación en español, un idioma que hablan cientos de millones de personas. Mientras tanto, en Madrid se está mirando para otro lado. Lo están entregando todo a cambio de una mínima estabilidad para 3 meses.

¿Cree que todo esto culminará con la independencia de Cataluña?

Lo que creo es que esa ideología es fascista e insaciable. Por eso, si consiguen la independencia, nos meterán posteriormente en una guerra. Porque ellos no pueden parar y al día siguiente de independizarse reivindicarían Aragón y Valencia. Es lo mismo que ocurrió con Alemania y los Sudetes y Polonia. Si es que esa historia no es tan vieja. Si es que está ahí al lado.
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