CATÁSTROFE REPUTACIONAL

Por HERMANN TERTSCH
ABC  Sábado, 05.01.19

Para un gobierno sufrir un acto de hackeo es una humillación y una pérdida de prestigio y seguridad

Pues sí, una vez más han entrado unos hackers en los sistemas del Gobierno alemán y se han dedicado a gamberrear durante un mes con datos privados de políticos y funcionarios, pero también periodistas y algún artista. El fiasco de seguridad estalló cuando algunos políticos, entre ellos el defenestrado líder del SPD, Martin Schulz, comenzaron a recibir llamadas de desconocidos. Pronto se vio que el robo de datos era grande, el mayor habido nunca en Alemania. La alarma inicial fue por ello extrema. Se habló de «agresión al cerebro del Gobierno federal». Y de «grave ataque a la democracia». Enseguida surgió la sospecha de una autoría rusa, que sí parece haber estado tras los ataques de 2015 y 2017 al Bundestag y varios ministerios. También se ha hablado de «la ultraderecha», un recurso omnipresente. Sobre todo después de saberse que del único grupo del Bundestag que no había datos filtrados era de Alternativa para Alemania (AfD). La CDU es la mayor víctima, Angela Merkel incluida, pero también SPD, FDP, Verdes y die Linke.
A lo largo del día, Berlín quiso reducir la gravedad de lo sucedido. Y se cuestionó que fueran hackers obedientes a un estado extranjero. Como el ruso o el chino, sospechoso este del robo reciente de los datos de 383 millones de clientes de los Hoteles Starwood. Cuentan policía y fiscalía alemana que fue una cuenta de Twitter la que puso en circulación los datos. En parte con un calendario de adviento con ventanillas que ofrecían a diario esos datos desde direcciones, correos y números de teléfono hasta textos de diversa índole.
El Gobierno alemán asegura que no hay material de alto secreto entre los datos robados. Es la forma de limitar daños y el propio fracaso que supone para un gobierno que les roben información secreta en su «sancta santorum» informático. La guerra cibernética está en marcha. Aunque de momento no haya pasado de escaramuzas. Pero cada hackeo que un gobierno sufre, sea quien sea su autor, es una derrota, una seria humillación y una grave merma de prestigio y seguridad. Eso que ahora llaman una «catástrofe reputacional».

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