UNA RUPTURA ASUMIBLE

Por HERMANN TERTSCH
ABC  Sábado, 27.01.18

No hay relaciones diplomáticas normales con un régimen criminal

Que un régimen tan corrupto, violento y delincuente como el venezolano expulse al embajador de España, Jesús Silva Fernández, es una honra. A la que se responde con serenidad y reciprocidad al expulsar al indeseable de su embajador en Madrid, Mario Isea. Honra también porque no se debe a un conflicto de intereses sino a una pataleta del tiranuelo Nicolás Maduro porque la Unión Europea ha empezado a aplicar sanciones a sus compinches. Una camarilla que ya solo pueden gobernar por medio del crimen sistemático no debe tener relaciones normalizadas con países civilizados.
Debería saberlo Federica Mogherini, la jefa de la Política Exterior europea, en permanente y vergonzante idilio con tiranos, especialmente con Cuba que manda sobre Maduro y es responsable último de lo que pasa en Venezuela.
Ya en la peor miseria mundial, con una inflación que este año puede ser del 13.000 por ciento, el dictador necesita cultivar a su enemigo favorito, Mariano Rajoy. Blanco, europeo, supuestamente de derechas y además español, luego imperialista, colonizador y todas esas monsergas.
Rajoy ha dado pie a la ira de Maduro y eso le honra. Con Venezuela, Rajoy ha vencido a su desinterés por todo lo ajeno. Apoyó a los presos y la oposición como jamás ha hecho con Cuba. Por desgracia defendió la miserable actuación de Zapatero como agente de Maduro y aún no ha retirado tal apoyo.

Las sanciones individualizadas son una práctica instaurada por EE.UU. en la pasada década con mucho éxito en «países canallas». Bloquear cuentas, patrimonio y viajes y movimientos de oligarcas resulta muy eficaz. La lista venezolana crecerá. Para dificultar el blanqueo, evasión e inversión en el exterior de bienes robados en un saqueo de dimensiones colosales, solo posible en una potencia de petróleo y cada vez más del tráfico de la cocaína. Pese a todo, la dictadura es hoy más fuerte que hace un año. La oposición está rota y el proceso de cubanización es imparable. Salvo que pase algo. Algo que toda la gente de bien dentro y fuera esperan sin saber qué y cómo.
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