VICTORIA PATÉTICA Y PELIGROSA

Por HERMANN TERTSCH
ABC  Lunes, 17.04.17

En condiciones de probidad democrática, los turcos habrían rechazado este nuevo paso hacia la dictadura

Lamentable resultado el de su referéndum que tan victorioso se prometía Recep Tayyip Erdogan. Cierto, el presidente de Turquía podrá disponer a partir de ahora unos poderes que se acercan mucho a los del Sultán en el Imperio Otomano, hasta con menos cortapisas para imponer decisiones autocráticas. Pero el balance actual de su aventura megalómana es desastroso. Quería una república presidencialista en vez de parlamentaria y la tendrá. Pero queda claro que casi la mitad de los turcos no aceptan a su presidente y su reforma. Con la certeza de que la cifra sería mucho más alta si rigieran condiciones mínimas de un Estado de Derecho. Cuyos últimos vestigios se han enterrado tras el oscuro fracaso de un supuesto intento de golpe de estado. Con este 51,4 por ciento de los votos favorables –resultado por supuesto cuestionado por los adversarios–, Erdogan consigue una victoria pírrica y muchas frustraciones. Con decenas de miles de presos y represaliados políticos, con el mayor número de periodistas en prisión del mundo, con un estado de excepción que recorta drásticamente los derechos de todos los que le contradicen, con todos los medios materiales en su mano, Erdogan ha cosechado una victoria mínima, pírrica, ridícula. Que deja concluir que en condiciones de probidad democrática, el pueblo turco habría rechazado ayer este nuevo paso de Erdogan hacia la dictadura islamista. Solo ha conseguido con claridad una cosa: dividir a la nación turca como jamás lo ha estado, ni siquiera bajo los gobiernos militares habidos a lo largo de sus casi cien años de historia republicana. Con ese resultado no es ya «Padre de la Patria». Tampoco será caudillo político religioso del sunismo. Al rechazo árabe se suma esta división turca. Lo peor puede ser la reacción de un Erdogan frustrado y ya legalmente armado para un abuso de poder que ya cometía antes. Intentará ocultar la debilidad con accionismo, sea hacia fuera en Siria o Europa, sea hacia dentro con el conflicto kurdo o la caza de brujas. Todo muy peligroso. Y con muchas posibilidades de serio deterioro.
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