KERN ASUME EL GOBIERNO AUSTRIACO EN UN PAÍS CADA VEZ MÁS DIVIDIDO

Por HERMANN TERTSCH
Enviado Especial a Viena
ABC  Miércoles, 18.05.16

El gobierno de coalición pende de un hilo a la espera de las presidenciales

Vuelco político Faymann cedió el poder a Kern tras el último varapalo electoral de los socialdemócratas

El nuevo canciller austriaco, el socialdemócrata Christian Kern, hizo ayer una encendida defensa de la capacidad del gobierno de la gran coalición de recuperar el pulso económico y político. Así como de hacer frente al reto de la inmigración en el marco de la solidaridad europea. Kern juró ayer su cargo en un primer acto oficial que también será uno de los últimos del saliente presidente de la República, Heinz Fischer, también del Partido Socialista (SPÖ).

                                                       REUTERS
El presidente Fischer toma juramento al nuevo «premier», Kern, en el centro de la imagen

Su sucesor será elegido el domingo en unas elecciones que han dividido profundamente a la sociedad y que muchos consideran el fin de la II República con su orden basado en el reparto directo del poder entre los dos grandes partidos, el socialista SPÖ y el popular ÖVP.
Por primera vez desde la guerra no serán esos dos partidos los que se disputen la jefatura del Estado sino un derechista del FPÖ, Norbert Hofer, y un miembro del partido de los Verdes, Alexander Van der Bellen. La polarización es máxima y los sondeos dan muy igualados al joven populista de derechas y al viejo ecologista que es apoyado por las direcciones de los dos partidos tradicionales.
En este escenario convulso en el que muchos ven un nuevo paso hacia la destrucción del orden de la posguerra en Europa, la llegada del nuevo canciller, un socialista que se mostró ayer especialmente fresco, ágil y combativo y que anunció públicamente que votará a Van Der Bellen en contra del candidato derechista Hofer, puede quizás tener efectos inesperados. Ayer, los adversarios de Hofer se mostraban confiados en que Kern pudiera movilizar en favor del candidato de los Verdes, que todos coinciden en que es muy flojo.
En una conferencia de prensa, Kern atacó ayer a su antecesor y compañero de partido Werner Faymann, de una forma insólita. Este ha sido canciller durante casi ocho años y dimitió como consecuencia del desastre electoral de la primera vuelta de las elecciones presidenciales. En estas, el candidato del SPÖ, al igual que el candidato de su socio de gobierno ÖVP, no logró más que el 11% de los votos. Mientras, el candidato del FPÖ, Hofer, alcanzaba el 35% y el Verde Van der Bellen pasaba a la siguiente vuelta con un precario 21%.
El nuevo canciller sorprendió y animó a los suyos con un lenguaje nuevo y duro. Especialmente para su predecesor. Según Kern, el gobierno y el partido tienen que volver a regirse por valores y no por la obsesión de poder y el «olvido del futuro». Con esto se refería a la falta de iniciativa, de reformas e ideas de que ha sido acusada la gran coalición desde hace años.

Posibles elecciones
Lo cierto es que el futuro de este gobierno de Kern depende en primera instancia del resultado del próximo domingo. Una victoria de Hofer llevaría de una forma u otra a unas elecciones generales, muchos dicen que ya en septiembre. Y nadie duda de que el derechista FPÖ sería la fuerza más votada y encargada de formar gobierno. Donde ahora hay un jefe de estado y un jefe de gobierno del partido socialista habría dos miembros del FPÖ, el propio Hofer y el líder incuestionable del partido, Hans Christian Strache, otro joven y agresivo populista con mucho instinto político.
Claro está ya que la población austriaca está tan harta de la parálisis de la gran coalición, de la corrección política y sobre todo de la crisis de los refugiados que clama por un cambio. Las habituales advertencias de la izquierda y los populares contra el desprestigio en Europa por votar a lo que presentan como extrema derecha ya no funcionan.

Como decía ayer a ABC el que fuera último director del legendario órgano del SPÖ Arbeiterzeitung, Georg Hofman-Ostenhof, «el fantasma del nazismo ya no funciona como arma electoral. Definitivamente, queda demasiado lejos».
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