MADURO RECHAZA UNA AMNISTÍA Y DECLARA LA GUERRA A LA OPOSICIÓN

 Por HERMANN TERTSCH
  Enviado Especial a Caracas
  ABC  Jueves, 10.12.15

Pide la dimisión de sus ministros y anuncia una reestructuración del Gobierno

El presidente venezolano, Nicolás Maduro, ha dejado claro que no habrá concesiones al enemigo que, según él, es el Parlamento recién elegido con la abrumadora mayoría opositora de dos tercios. No hay conciliación y muchos menos cooperación, pese a los llamamientos en este sentido de gran parte de los dirigentes de las fuerzas vencedoras de la oposición. El pulso ha comenzado ya, cuando el chavismo aún no se ha recuperado del trauma del revés electoral recibido y de la frustración de no haber podido, por la inmensa diferencia en el resultado y por la oposición del Ejército, aplicar fraudes y coacciones como en ocasiones anteriores. Maduro anunciaba en la noche del martes una reestructuración de su Gobierno y nuevas medidas para reactivar el partido y las fuerzas del chavismo para afrontar la nueva situación. Describió esta como grave por la victoria en las elecciones de una «ultraderecha» que representa la «contrarrevolución e intereses extranjeros» y pretende desmantelar todos los logros históricos del chavismo.

                                                                                             REUTERS
Nicolás Maduro aplaude ayer durante la retransmisión de su programa televisivo semanal

En su primera comparecencia tras confirmarse que la abrumadora victoria de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) había alcanzado la cifra mágica de 112 escaños, Maduro no dejó resquicio a la esperanza de un acuerdo. Y desplegó toda una batería de desafíos a la nueva Asamblea Nacional. Despreció la demanda de amnistía y libertad para los presos políticos a los que tachó de «criminales» que habían violado derechos humanos. Y anunció que él estaría a la cabeza de la lucha también en la calle contra los «intentos contrarrevolucionarios» de desmantelar el andamiaje legal del chavismo y la Constitución. Lo cierto es que por la propia Constitución chavista de 1999, la mayoría lograda por la oposición en la Asamblea le otorga el derecho para todo tipo de reformas y nombramientos de puestos clave en las instituciones así como el poder constituyente. Tanto el futuro presidente de la nueva Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup, como Henrique Capriles y otros dirigentes le han advertido de que no podrá mantener a una gente en la cárcel cuya libertad ha sido decretada por una amnistía del Parlamento.
Hasta los observadores más pesimistas están sorprendidos por la agresividad de las intervenciones del jefe del Estado, que lanzó en un acto en un cuartel las más furiosas invectivas contra una mayoría votada hace tan solo tres días por casi 8 millones de venezolanos, dos millones amplios más que el oficialismo. Maduro llegó a decir que el resultado, «producto de la guerra económica» desatada por los «saboteadores y enemigos de Venezuela» era solo un estadio transitorio que en nada podía afectar a un Estado chavista que él defendería con «los patriotas» hasta el final y sin concesiones.
En Caracas hay expectación por ver cuáles serán los cambios en el Gobierno de Maduro. Todo indica que saldrá del mismo el ministro de Defensa, Padrino López, al que se atribuye el protagonismo en impedir que el presidente de la Asamblea, Diosdado Cabello, sacara a las milicias chavistas a la calle para culminar un golpe que anulara los resultados favorables a la oposición en la tarde del domingo día 6 cuando iban a cerrar los colegios electorales. Significativo será ver si entra en el Gabinete y con qué cargo el propio Cabello, que ayer era elogiado cálidamente por Maduro. Podría ocupar la cartera de Defensa –él también es general– o incluso la vicepresidencia. Cabello en la vicepresidencia quitaría mucho atractivo a un proceso revocatorio contra Maduro porque lo dejaría a él como relevo.

Choque de trenes
Todo indica que la oposición tiene otras prioridades que ese proceso revocatorio, aunque se acuda a una reforma que puede recortar el mandato de Maduro en un año, a 2017, sin necesidad del mismo. Ahora son inminentes varios choques de trenes a la vista de la actitud del presidente. Uno de ellos es la lucha por el Tribunal Superior de Justicia, hoy un órgano chavista que debiera ser renovado ya por el nuevo Parlamento. Pues Maduro anunció ayer 12 nuevos nombramientos en un desafío total a la nueva Asamblea. Después está el control de los medios. Ya el anuncio por Ramos Allup de que va a relevar a los jefes de la televisión de la Asamblea, virulentamente chavista, ha puesto en pie de guerra a todos los medios del régimen. Cabello ha resuelto entregar esta cadena del Parlamento que aun preside a los trabajadores. La oposición reacciona con calma, aunque no sin preocupación ante las amenazas y las anunciadas resistencias a la labor legisladora.

Ayer 56 organizaciones sociales y de defensa de derechos humanos pidieron al Ejecutivo una «autorrevisión» para superar la crisis del país. Y exigieron la liberación de todos los presos políticos y el fin de los estados de excepción y medidas extraordinarias de represión. Al mismo tiempo observadores y ONG dan la alarma por el gravísimo deterioro del abastecimiento en amplias zonas del país y señalan que, de no haber pronto acuerdos entre todos los poderes para estabilizar la situación, podrían darse situaciones de crisis humana.

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