LOS JERARCAS DEL CHAVISMO TEMEN ACABAR EN LA CÁRCEL SI PIERDEN EL PODER

 Por HERMANN TERTSCH
  Enviado Especial a Caracas
  ABC  Viernes, 04.12.15

Los venezolanos tienen miedo de una transición violenta, pero no se resignan a que todo siga igual en un escenario de ruina, inseguridad y eterna agonía

«Él no va a entregar el caroto así de fácil». El viejo que sentencia así resume la situación general venezolana en una frase. Le acaban de decir que en Guatirí, un pueblo en las afueras de Caracas, han desplegado tanquetas de la Guardia Bolivariana. «Para meter más miedo del que hay», resume. Quien no va a «entregar el caroto», el poder, es Nicolás Maduro, sucesor del mesías político del socialismo del siglo XXI y de la Revolución, Hugo Chávez. El rostro de este, muerto hace ya casi tres años, sigue omnipresente. En cambio, Maduro no aparece en ningún cartel electoral. Tan sólo en viejas pintadas ya empalidecidas. Como si los mítines electorales fueran la parte amable del discurso del poder, con su música y su ridículo triunfalismo. Y Maduro se concentrará en la parte oscura, en la amenaza ya cotidiana en televisión, entrada la noche. Allí advierte al pueblo de que puede ser castigado si el domingo en las elecciones traiciona a la revolución chavista. Como todo indica que podrían no ser baladronadas, la alarma política se ha extendido sobre toda Venezuela. Como una campana de aire pesado y metálico. En el que se mezclan miedo y esperanza.

                                                                                             REUTERS
Un hombre pasa junto a una pintada que llama al voto en las calles de Caracas

Algo va a pasar al final de esta semana o al principio de la próxima, porque las espadas están ya en alto. La oposición se sabe segura vencedora de estas elecciones legislativas y el oficialismo ha anunciado que no aceptará dicha victoria si cuestiona su poder. Que lo hará. La situación exige desenlace. De eso parecen convencidos todos los caraqueños. Hay quienes aseguran que el presidente Maduro no va a dar el paso de la intervención violenta que lo convertiría ya irremisiblemente en un paria internacional y candidato a ser perseguido por Tribunales Internacionales. Copiar a Fidel Castro casi 60 años después no es tan fácil como algunos querrían.

Los optimistas
Esta corriente optimista cree que Maduro esperará para luchar contra la Asamblea dominada por la oposición. Siempre que no se alcance un resultado para una mayoría calificada que pudiera iniciar de inmediato el proceso de la revocación de presidencia y Tribunal Supremo, las piezas claves con el ejército para el poder total chavista. La cúpula del régimen, cada vez más militar, ha expoliado Venezuela hasta unos límites nunca vistos en el pasado democrático, por corrupto que este fuera. De perder el poder y la impunidad, no solo perderían los inmensos negocios del cambio, del contrabando y de la droga. Muchos de sus miembros tendrían pocas posibilidades de escapar a la prisión en la propia Venezuela o en Estados Unidos. Eso contribuye poco a fomentar una transición pacífica. Tanto en el régimen como en la oposición hay quienes creen que podrá evitarse una intervención militar o paramilitar con su inevitable derramamiento de sangre. Pero en el régimen, en la oposición y en medios diplomáticos se considera alta la posibilidad de que la tragedia sangrienta se produzca.
Lo cierto es que se teme la violencia, pero muchos venezolanos temen tanto o más a la continuidad. El colapso de la seguridad con la terrorífica violencia cotidiana, el naufragio total de la economía y el sistema productivo, la falta de la alimentación y artículos más básicos, así como de los servicios, convierten la perspectiva de una prolongación de la agonía en uno de los peores escenarios de los diversos, algunos terribles, que se barajan. Nadie sabe qué va a pasar el día de las elecciones, el próximo domingo, en su víspera ni después.
Maduro proclama ya de forma constante en televisión que defenderá en la calle en «una unión del pueblo cívico militar» la revolución bolivariana. Esto no tiene otra lectura que el anuncio de un autogolpe para consolidar la dictadura y poner fin a los últimos rituales democráticos por cosméticos que ya sean. Hay miedo, pero la intimidación no triunfa. Hay demasiada rabia, es demasiada la privación y humillación de la vida cotidiana de los venezolanos.


Las masas chavistas sufren ya en primera línea y a Maduro ya dicen apoyarle solo el 23% de los venezolanos. Según todas las encuestas, estos se inclinarán el domingo masivamente por el cambio. Todas las posibles irregularidades y fraudes, más los cambios tramposos y ventajistas habidos para favorecer a la lista oficialista, no impedirán una rotunda humillación a Maduro y el régimen. Incertidumbre máxima, por tanto, a 48 horas de que se abran los colegios electorales. Con una amenaza cierta de violencia por parte de un régimen que por primera vez ve inminente una pérdida significativa de poder. Y una oposición decidida a poner fin al régimen y resistir con toda la fuerza de los votos y la voluntad de salir a la calle a los intentos desesperados de una cubanización total y el «cierre de la jaula» hacia la dictadura militar abierta.
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