UNA LECCIÓN ALEMANA

Por HERMANN TERTSCH
 ABC  Sábado, 18.07.15

Pese a toda la irritación y malestar con la UE y con los griegos, con sus pagos y los insultos, en este país reina la centralidad

Quien haya prestado oídos en estas semanas a la ola de histeria germanófoba en Grecia, en la ultraizquierda europea y en algunos medios españoles que dan risa y vergüenza, estaría ayer bastante sorprendido. El Bundestag, ese Parlamento alemán nazi que quiere despojar a Grecia de sus riquezas y de su carácter indómito progresista, se dejó convencer por una canciller nazi que disfruta viendo a los griegos viejos humillados y a los niños hambrientos, para quitarle más dinero al erario de esa población alemana nazi que solo piensa en conseguir ahora lo que no consiguió en dos guerras mundiales. Y todo para entregárselo a los bravos antifascistas griegos, trabajadores incansables represaliados por sus ansias de libertad. Es lo sucedido ayer en el Bundestag según la grotesca y obscena caricatura con que se «informa» en muchos medios griegos y españoles.
Lo cierto, miserias, odios y complejos aparte, es que Alemania es el país que capea la crisis política actual sin desviarse un milímetro de la ley. Con todos los matices incluidos en su arco parlamentario. Que van desde los partidarios de la salida inmediata de Grecia de la Eurozona, porque consideran que dentro nunca logrará estabilizarse, hasta los que creen que debe haber otra quita, esta masiva e inmediata, para despojar a Grecia de toda presión en la esperanza de que así se convierta en una economía moderna. Desde la resignación a lo ilusorio hay todo en el Bundestag. De todo menos odio.
Al contrario que en otros escenarios políticos europeos. Los únicos extremistas parlamentarios alemanes son los excomunistas heredados de la RDA. En Berlín no ha cuajado ningún populismo, mientras que en Francia, Italia, España o los Escandinavos han intoxicado ya el ambiente y podrido el discurso.

Pese a toda la irritación y malestar con la Unión Europea y con los griegos, con sus pagos y los insultos, en Alemania reina la centralidad. Es el efecto de la mirada limpia al pasado. Por dolorosa que fuera. La mentira del pasado de los otros está de venganza.

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