LA PESADILLA DEL OLIGARCA

Por HERMANN TERTSCH
ABC Viernes, 30.05.14

El pacto del autócrata con oligarcas garantiza la estabilidad común en un capitalismo de Estado, cerrado, cautivo, brutal y corrupto

     SON muchos los que se han escandalizado por la escasez de sanciones impuestas a Rusia tras su salvaje violación de la ley internacional en Crimea. La invasión de un vecino, con desprecio a tratados y fronteras internacionales, merecía una respuesta mucho más rotunda. Y la inmediata anexión del territorio ocupado, aún más. Es cierto que Europa es básica y esencialmente cobarde y ciega en su mezquindad y ceguera. Lo fue durante todo el siglo XX y no ha mejorado. No es capaz de sacrificar una uña hasta que se da cuenta de que ha perdido un brazo. Y tienen que venir otros a arreglar las miserias para que no se macere el continente en su propia sangre. Por eso desde hace años se trabaja en EE.UU. en el diseño de sanciones. Su aplicación se revela inmensamente eficaz. Se estudió la naturaleza de los regímenes surgidos en las repúblicas exsoviéticas tras abandonarse la pretensión democrática real. Se basan estos en el pacto del poder oficial del autócrata, sea Putin, Nazarbaev, Lukashenko o un caudillo local, con oligarcas con los que comparte tareas y recursos. Juntos se garantizan la estabilidad común en un capitalismo de Estado, cerrado, cautivo, brutal y corrupto.
     Otras sanciones son difíciles de aplicar y tienen muchas resistencias por sus repercusiones negativas generales. Estas son represalias personales hacia dirigentes y cómplices del régimen a sancionar. Los oligarcas, por elegantes que sean sus trajes, inmensos sus yates, sus aviones, palacios y estadios, por bellas y siempre jóvenes que sean sus mujeres desechables, inmensos sus patrimonios y colosales sus fortunas, son gánsteres hechos a sí mismos. Tienen sus códigos de honor, su ansia de reconocimiento. Son los émulos de aquellos triunfadores del salvaje oeste, los gigantes del petróleo y el ferrocarril en América. En el salvaje este exsoviético, los oligarcas fueron los más arrojados, más crueles y brutales. Su prestigio es su poder y ambos son el dinero. Y la disponibilidad de dinero es la clave. Para sus permanentes e ingentes gastos inmediatos, que van desde el ejército de escoltas y servicio en decenas de mansiones por todo el mundo hasta favores, novias, mujeres e hijas vaciando tiendas de lujo y joyerías. Y las redes de obediencia para que los negocios funcionen. Los bloqueos de cuentas hacen milagros. Establecidos precedentes, ha bastado muchas veces la amenaza. La sofisticación de la vigilancia y los mecanismos de sanción creados hacen posible que los oligarcas propietarios de miles de millones se queden en días sin dinero para el keroseno del jet, para las exigencias de novias insaciables de dinero, para el pago de promesas y compromisos que, incumplidos, se convierten fácilmente en peligros mortales para ellos. Ya hay viejos gánsteres que tienen cientos o miles de millones depositados por el mundo y se quedan sin efectivo para pagar la escolta y vigilancia de su casa. Ya no pueden viajar. Su prestigio entre su gente colapsa. Se les van sus hombres y sus mujeres. De adorados como héroes pasan a ser apestados por estar en la lista negra. Es la pesadilla del oligarca. El cambio de actitud de algunos respecto al separatismo ruso en Ucrania podría deberse a esto. Dicen que habrá más. Y no solo allí. Reconversión. Se les ofrece respetabilidad, como la que lograban con la filantropía los magnates yanquis de turbios orígenes a finales del siglo XIX. En Ucrania sí defienden el proceso democrático. Si no se avienen, se arriesgan a la humillación de la insolvencia ante los suyos y la angustia de quienes con los peores enemigos en el hampa más peligrosa del mundo deben dinero a quienes les cubren la espalda.
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